martes, 23 de enero de 2024

L'Hospitalet de Llobregat


Y hago la última entrega de fotos del itinerario del sábado por el norte de L’Hospitalet.
La plaza de Blas Infante, con ese extraño Palo Borracho en medio de la rotonda (primera foto), es un núcleo bastante espectacular. Es el punto de engarce de cuatro barrios del municipio: La Torrassa, Collblanc, La Florida.y Les Planes.
El edificio situado entre los dos primeros, el más bajo y antiguo de toda la plaza (segunda foto), con su balcón que me recuerda a los de las primeras Casas del Gobernador de La Verneda y cierto aire Art Decò, me llevó a pensar por un momento si no estaría en un entorno del África Colonial Italiana.
Subiendo hacia Collblanc, los letreros de una camioneta me llaman la atención: “Encants petits del Oci”. Pensé en seguida en una función de vaciado en casas de todo lo que fuera factible de coleccionarse. Me hicieron entonces reparar en la atiborrada tienda, a la que hice la tercera foto.
El destino final, en Collblanc, era el Teatre Joventut (cuarta foto), donde recuerdo haber asistido a un recital de Paco Ibáñez o a uno de los primeros festivales internacionales de payasos, con Jango Edwards representando una vez más su espectacular número de lanzarse de cabeza al agua de un vaso y siguiendo su costumbre de ir a despedirse al final del espectáculo a la salida del teatro, dando un agradecido apretón de manos a cada uno de sus espectadores.
Muy cerca está el mercado de Collblanc (quinta), que es actualmente centro del tapeo de la zona.
Ya llegando a la parada de metro de Collblanc (sexta) me dijeron que el agujero de enfrente de la gasolinera corresponde a la construcción de un hotel de cuatro estrellas. Ya en la misma calle Joventut (la del teatro) hay otro ya en activo. Ambos lo tienen fácil para anunciarse -y, de hecho, así lo hacen- a la selecta e instruida (deseosa de ir al más visitado museo de la ciudad) tropa que nos visita:
“¡Junto a la parada del metro que lleva directo al aeropuerto y a dos pasos del Nou Camp!






 

Hospitalet de Llobregat



Sigo con L’Hospitalet de Llobregat, en ruta desde su centro hacia arriba. Estábamos en el Carrer del Xipreret (en la masía de más arriba de la calle, muy restaurada, han conservado al menos los típicos lavadero y pozo; plantaron un ciprés para hacer honor a la calle y ahora está ya muy grande), una calle de marcado carácter rural (primera foto), en la que también se han hecho barbaridades, como la amputación de la histórica masía que supuso la casa de la esquina (segunda foto).
En el carrer Sant Joan, un antiguo camino ahora repleto de casas impersonales de muchos pisos sin gracia alguna, aún queda una de las casas populares más antiguas del municipio (tercera foto), típica de ese camino, según nos dijo el buen conocedor concejal del ayuntamiento y miembro del Institut d’Estudis Hospitalencs que nos acompañaba.
Subimos luego el tramo superior de la Rambla de Justo Oliveras, hasta el Canal de la Infanta -soterrado- y el que fue un gran recinto fabril, La Farga. Pasando por debajo de las vías del tren, llegamos al parque de Les Planes. Junto al Cementerio de L’Hospitalet, en una riera, ocupa del terreno de unas cuantas fábricas que sobrevivieron hasta final del siglo XX y respondía a la teórica idea de ser el terreno de unión de dos barrios, Can Serra y Les Planes, aunque parece que en algún periodo se convirtió más bien en el terreno de batalla entre las bandas de ambos barrios.
Subimos a Les Planes (donde no se esmeraron demasiado, con casas como las de la cuarta foto). Desde su altura se obtiene un panorama con Montjuic al fondo y, abajo, las vías del tren, que hace de barrera entre dos barrios.
Giro de 90 grados hacia arriba, como el señor del sombrero (quinta foto) y subimos a los bloques de La Florida (sexta foto), de los más antiguos y malfamados de la zona, actualmente propiedad de fondos buitre, en espera de su vaciado para una gentrificación que no llega.






 

sábado, 20 de enero de 2024

L'Hospitalet

Como he ido en metro hasta Av. Carrilet, subiendo por la Rambla de Justo Oliveras me he encontrado con esto.

Abro otro palo para colgar aquí imágenes del recorrido de esta mañana, siguiendo el itinerario organizado por la Societat Catalana de Geografía, desde el centro de L’Hospitalet hasta el norte de la ciudad.
Recuerdo la sensación que tuve la primera vez que me pateé de verdad la ciudad de París o la recorrí por superficie, en autobús. Acostumbrado a ir a los sitios en metro, había llegado a hacerme una idea de tal o tal barrio, pero sin caer, como caí entonces, en que el barrio X era vecino al barrio Y.
Pues bien: este itinerario me ha permitido hilvanar un poco esos barrios tan diferentes entre sí que tiene L’Hospitalet de Llobregat.
Hemos iniciado el paseo delante del Ayuntamiento, en la calle Mayor, donde nos hemos situado geográficamente: ese era el centro de la población, situado en su llanura central, pero no en el centro del término municipal, porque casi toca a Cornellà de Llobregat. Al sur queda el tradicional barrio de la Marina, en tiempos marismas, que fue amputado por Barcelona, y sobre todo por el Norte, por la parte de Samontano, fue por donde empezó la presión inmobiliaria desde Barcelona, protagonista desde mitad del siglo XX.
Para pagar tributo al circuito turístico, hemos pasado, yendo hacia el norte, por la calle Xipreret, y desde allí, pero ya será en otras entradas, nos hemos dirigido a cruzar autopistas y las vías del tren.

Y con esto.

He girado para ir hacia el Ayuntamiento cuando he llegado al Casino.

Y he alcanzado el punto de reunión. A la izquierda, la primera casa del que llegó a ser arquitecto municipal, Puig i Gairalt.

Para los que sólo han oído hablar, sin conocerlo, L’Hospitalet, siempre sorprende el Carrer del Xiprerer.

El núcleo de casas de los lavaderos.
 

lunes, 15 de enero de 2024

Panicale (Umbría)

Panicale, con zona boscosa mirando a mediodía, está situado, como casi todos los pueblos de la Umbría, en lo alto de una colina, con campos cultivados al norte, hacia el lago Trasimeno.
Su plaza, llena de terrazas, tiene forma triangular y en subida, con, en un extremo, la Collegiata di San Michelle Arcangelo, un imponente edificio de ladrillo del que apenas pudimos ver, en su interior, sus pinturas, porque estaba por completo a oscuras y no dimos con ningún interruptor ni hucha que encendiera sus luces.
El casco antiguo, todo enmurallado, asciende hasta una minúscula plaza en lo que se ve había sido su castillo, del que no queda nada.
En el arrabal, un istmo con casas y un gran mirador hacia el lago Trasimeno lleva a la Iglesia de San Sebastiano, del que ya hablaré en otro momento, porque alberga pinturas de Rafael y Perugino.


Desde la carretera, que rodea sus murallas, de Panicale.

Mirando al norte, contraste de paisaje. A la izquierda, la Puerta Perugina, entrada al recinto militar intramurallas.

La plaza. Subiendo, al fondo a la izquierda, la Collegiata.

Contraplano.

Una de las pinturas de la Collegiata. La más iluminada cuando entramos…


Al fondo, el lago Trasemino.
 

sábado, 13 de enero de 2024

Wright en Tokio


Wright estuvo y dejó obra por Japón. Una de ellas fue un gran hotel internacional situado cerca del Palacio Imperial, el Imperial Hotel, cuya imagen (que he sacado de arquitectura viva y cuelgo aquí) es muy característica, asociado a todo lo suyo.
Pero resulta que en Japón también se hacen las barbaridades a las que nos hemos acostumbrado por aquí, y en los años 60 se cargaron el hotel construido por Wright y construyeron uno nuevo, con más capacidad, porque edificaron en superficies antes no construidas.
Fuimos, de todas formas, a curiosear el nuevo hotel, que tiene un grandioso hall y cafetería, que parece mantener el espíritu de los años de su construcción, de poder ilimitado, aunque por suerte aparece en nuestros ojos ya como totalmente demodé.
Hay más. Supongo que, cuando ya no tenía remedio, se dieron cuenta del disparate que habían cometido con la demolición y, viendo las muchas preguntas que hacían los visitantes, dedicaron una esquina a un pequeño museo para recordar el hotel original.
Nos decepcionó, porque realmente poco queda del mismo. Algún objeto que no nos resultó atractivo, fotos que devolvían reflejos si las fotografiabas y la maqueta de la última imagen.





 

viernes, 12 de enero de 2024

En la iglesia de Paciano


En la Umbría, Paciano es un pequeño recinto medieval con sus murallas. Por su estructura parecería una bastida, con solo dos o tres calles paralelas de unos doscientos metros.
Había tenido un pequeño museo, medio a oscuras cuando lo visitamos, en el recinto de una antigua iglesia. Pero en la Umbría, en cada pueblo, por pequeño que sea, siempre existe la posibilidad de dar con una antigua pintura que te emocione.
Eso me pasó con ésta, que disponía de la suficiente luz para ser fotografiada..


 

jueves, 4 de enero de 2024

El metro de Washington

Me gustan las estaciones de metro, de construcción bastante reciente y casi todas iguales, de Washington, con ese medio cilindro como de artesonado cubriendo vías y andenes. Todas tienen un mismo esquema de entrada/salida a media altura y quizás lo único que se les puede reprochar es que obliga en un 50% de los casos a caminar más de lo debido a los viajeros.
Por cierto: vimos bastante gente joven colándose olímpicamente, gracias a unos saltos muy ágiles. Y eso que salvo en momentos punta los vagones, que llegan con mucha frecuencia, iban muy vacíos.


Una estación sencilla (de una sola línea) standard.

En medio del andén, el módulo que conecta con la salida.

Brutal bajada, con escaleras mecánicas, a una estación.


 

International Library of Children Literature (Tolio)

El encontronazo, de lo más reconocible, con Tadao Ando.

Por Japón procuramos, sin desviarnos demasiado, curiosear lo que se podía de las obras de Tadao Ando, un objetivo claro desde que nos dejó casi sin respiración con lo que pensó para el recinto de la fábrica Vitra, cerca de Basilea.
En Tokio, la International Library of Children Literature tenía el interés de ver cómo había resuelto la conexión de nuevos espacios a un mazacote edificio del primer tercio del siglo XX.
Por un extremo dimos ya con sus características superficies pulidas de hormigón, con sus rítmicos agujeros. Pero había que entrar. Tras recorrer todo el edificio antiguo, al final vimos que su intervención se situaba en un edificio de nueva planta en la parte trasera y toda la fachada posterior del edifico primitivo, reorganizada para la conexión.

Desde un extremo. Pero había que entrar.

A la derecha, la que debía ser la primitiva fachada posterior de la biblioteca.

Todo un nuevo pasillo

Y la visión desde él del patio y el nuevo sector.

Desde otro nivel.



La fachada, Que ya anuncia mínimamente los cambios.
 

miércoles, 3 de enero de 2024

Aeropuerto de Washington

Ya acabado de colgar todo lo de la zona de los monumentos conmemorativos de Washington DC y hace mucho lo de esos barrios de casitas tan agradables, puedo retomar el relato de la visita a la capital norteamericana de una forma más ordenada.
Y, si ponemos orden, lo primero es el aeropuerto internacional de Dulles, hecho en los sesenta por Saarinen y más recientemente ampliado por Pei.
Unos pasos subterráneos, con pequeñas claraboyas que dejan ver la mano de Pei, llevan, con unos elementos que siempre agradezco, los tapis roulant, hasta la terminal de la última línea de metro construida en la ciudad, que se ve ha tardado mucho en llegar al aeropuerto y lo ha conseguido el pasado mes de noviembre.
Ir desde el aeropuerto en este metro a una zona céntrica de Washington DC lleva unos 50/55 minutos y cuesta sólo 6 dólares. A ver si vamos aprendiendo por aquí.


Desde el andén de la nueva parada de metro del aeropuerto.

La parada del aeropuerto del metro, que no es el final de línea: sigue unas paradas más.

Ya de regreso, hecho el recorrido inverso. La terminal de noche.


 

lunes, 1 de enero de 2024

Yanaka (Tokio)

Rememorando otro barrio de Tokio, Yanaka. Siguiendo una pauta bastante habitual por ahí, llegas a la estación de Nipori, del JR. Por un callejón en cuesta dejas atrás el enorme conjunto de vías y el follón ambiental y, de repente, te encuentras en otro mundo:
Primero cuatro casitas (primera foto) que nunca confundirías con lo que has dejado atrás. No hay más, porque detrás del muro de enfrente suyo, intuyes que hay algo, que la tableta confirma (segunda foto).
Se trata del bastante extenso (y en medio de la población) Cementerio de Yanaka (tercera foto; la cuarta permite ver aún lo que rodea a la estación JR; un detalle religioso en la quinta y una sexta de la parte más extensa).








 

Rothesay (Isla de Bute)