Mediados de septiembre es en Escocia ya fuera de temporada. Sin ganas de visitar Arbigland House, pero pensando que posiblemente podríamos hacerlo únicamente con sus jardines, nos adentramos por un camino muy poco señalado hasta que, ni cortos ni perezosos, aparcamos ante la entrada de la casona señorial (si alguien quiere ver cómo lucía, he colocado una fotografía sacada de su página web al final de las fotos).
Sólo había un coche y nadie se asomó. Buscando los jardines, por un ala del edificio encontramos un estrecho paso con, a su lado, una extraña máquina con más extrañas inscripciones. Me suena que intentamos pagar lo que interpretamos era la entrada a los jardines y que la cosa se tragó las monedas, pero sin darnos nada a cambio. No recuerdo bien.
El caso es que pasando por lo que ahora veo que debían ser los anunciados como “Holiday Cottages”, muy rústicos, y que en tiempo debían corresponder a las caballerizas y resto del servicio de la gran casa (también he colocado una foto pescada ahora de internet), pasamos a la parte de la fachada interna de la casa. Ahí había un cuidado pero muy pequeño jardín, que no creímos fuera el objetivo principal de la visita.
Viendo a lo lejos el mar, nos pusimos a caminar por un camino arbolado… que poco a poco se convirtió en sendero lleno de hierbas y más tarde en zona llena de charcos, cada vez menos claro. Por todos lados había árboles caídos y troncos llenos de humedad, en proceso de descomposición. Sorteando como pudimos un gran charco, logramos salir a… una pequeña carretera transversal. Convencidos de que el mar estaba más lejos de lo que preveíamos y con acceso incierto, volvimos por nuestros pasos.
A mitad regreso, se me ocurrió ir por otro camino que descubrí a la izquierda. Este acercaba a zonas de jardín que en primavera debían prestar relajadas estancias. Pero el camino continuaba, de vez en cuando franqueado por estatuas desconchadas, bancos podridos y algún macetón, hasta que llegaba al objetivo de esta entrada.
Tras una valla de piedra, se podía bajar a una zona de rocas enclavadas entre algas y arena y toda la costa, que se ve trazaba un ángulo recto.
Habíamos llegado a mar abierto, en el frente sur de Escocia, y me puse a hacer las fotos que cuelgo.
Al regresar al coche nos salió lo que supusimos un mayordomo negro actualizado, al que nos pusimos a decir no sé muy bien qué parrafada mientras subíamos al coche y poníamos pies en polvorosa.






Donde dejamos el coche. Imagen de la web del sitio.
dem. Jardín de la fachada interior.
A la derecha, los ahora Holiday cottages. Foto pescada ahora por internet.