sábado, 30 de diciembre de 2017

Astor Street (Chicago)

Un comentario de la entrada de esta mañana hacia ver lo paradójico de que Balzac se ocultase, pasando estrecheces, nada menos que en Passy, uno de los barrios más cotizados de París. Quiero vaciar la tableta de fotos antiguas que la llenan demasiado y he dado con unas cuantas del Gold Coast, un barrio residencial de Chicago que desde que se edificó debe contar entre los más envidiados. Por el precio de sus viviendas y por quienes las diseñaron...
Unas cuantas casas de esas que los americanos llaman "históricas" (construidas a cabello entre el siglo XIX y XX pueblan Astor Street y alrededores. Una zona que, así entre nosotros, da la impresión de que está bien situada y debe ser agradable para vivir.


Limitando por el norte el barrio, este único edificio catalogado, de pisos, alto. Esas tribunas me recuerdan las del Eixample barcelonés.

Ya en plena Astor Street.


Sullivan/Wright.





 

viernes, 29 de diciembre de 2017

South Station de Boston


Creo que es la South Station de Boston. Recuerdo que regresábamos caminando por ahí y sentí la curiosidad de ver cómo era y, una vez dentro, salir a echar un vistazo a los andenes. La sensación recibida fue extraña, como si te encontrases en una estación de trenes de miniatura o, mejor, en una real, pero dispuesta en el patio interior de tu casa o, como máximo, de la manzana de tu casa.

También, viendo ahora sobre todo el tren de la izquierda, he pensado en Cary Grant, y he mirado si Hitchcock rodó en alguna ocasión en ella, pero no. 

martes, 26 de diciembre de 2017

Galería Thaddaeus Ropac (París)


La Galería Thaddaeus Ropac ha sido para mí este mes de diciembre todo un descubrimiento. Hasta el 6 de enero exhibe un par de exposiciones (Irving Penn y, por otro lado, pinturas de Ilya Kabakov) que opino que merecen visitarse, como intentaré convencer en otras entradas, pero ésta la dedico a la galería misma.
Está situada en el Marais, pero no por la zona ya totalmente reconvertida por el turismo, sino por la cercana al Museo Picasso, poblada de talleres y discretas galerías de arte y sólo alguna que otra tienda o local, todos interesantes. Por su web descubro que hay otra galería con ese nombre en París, como también una en Londres y otras dos en Salzburgo, de donde procede. Porque T. Ropac -uno está muy alejado del mundo del arte- veo por internet luego que es un marchante austriaco importante, que trata con bastantes artistas de renombre.
El local del Marais tiene tres pisos. En el inferior, subterráneo, tiene una librería y oficinas, el espacio grande es el de la planta baja, y hay otro espacio para exposiciones en el primer piso, todos ligados por una escalera de acero de una pieza, muy interesante.
Está claro que, antes de visitar París de nuevo, convendrá consultar en su web qué exposiciones presenta.






 

jueves, 21 de diciembre de 2017

Homenaje a Prevert


Beatriz Calvo dice que le entusiasma Jacques Prévert. Entonces yo voy y busco la foto que hice a esa pared de un callejón, saliendo del cine de Saint-André des Arts, en la que se veía pintado a Jacques Prévert con gabardina, yendo de espaldas. Digo que será Jacques Prévert porque lleva su sombrero, que si fuera un bombín lo atribuiría a Magritte.

Sea Jacques Prévert o sea quien sea el representado, a lo mejor sólo se dirige a su casa, para ver allí qué dicen del primer recuento de votos escrutados (no los sondeos, que pueden ser engañosos), porque aunque no lo parezca, estas cosas influyen, y mucho, en las vidas de cada uno. 

lunes, 18 de diciembre de 2017

Fundación Cartier-Bresson (París)

La sala de exposición superior con, en sus altillos, la biblioteca.

Aunque se anuncia su próximo traspaso a un nuevo local más amplio en el Marais, la Fundación Henri Cartier-Bresson está situada hoy en día en uno de esos espectaculares talleres de artista que pueblan esa zona de Montparnasse.
Consta de dos primeras salas de exposición ciegas, comunicadas por una interesante escalera, que da a su vez a la tercera y más alta sala de exposición. Ésta es la que permite ver, en retranqueo, la biblioteca del centro y lo que debía ser el amplio y luminoso estudio de artista, con su techo y parte de paredes acristalado.

La claraboya de la cubierta que, junto a la cristalera frontal, permitía ofrecer luz al estudio de artista.

Una de las dos salas de exposición inferiores.

Parte de la escalera del edificio, en uno de sus tramos inferiores, siempre con la vidriera exterior lateral.

La escalera de caracol que, finalmente, permite alcanzar el estudio.

Visión exterior de la parte superior de la fachada.
 

domingo, 17 de diciembre de 2017

Gallimard (París)


Hablando de París, uno de mis primeros reconocimientos debe ser para sus librerías. Imposible entrar en todas, pero sí más que posible quedar boquiabierto ante la mayoría. Las hay, es verdad, anodinas, grandotas y standard. Pero no es esa la impresión general.
Por las callejas del centro no es difícil dar con unos locales estrechos de como metro y medio o dos metros, absolutamente repletos de libros escogidos, de gran calidad (en general libros de arte, descatalogados o nuevos), mientras que su dueño, casi bloqueado entre estanterías por las pilas de libros, espera la entrada de un cliente que quiera regalar o regalarse uno. Yo entraría a curiosear, pero no lo hago, porque no sabría manejarme entre esas estrecheces, no busco ningún libro en concreto, me molestaría sentir la presencia de los ojos del del pupitre en mi cogote y además pienso que todos deben ser extremadamente grandes, pesados y caros.
Otro tipo de librería frecuente, de las que me causan admiración, en la que tampoco entro por esas últimas razones, es la librería anticuaria. Son, eso sí, preciosas, para ser observadas un momento desde fuera. Todo está en su sitio, tienen la (tenue) iluminación adecuada, suelen tener sus paredes libres forradas de telas o papel pintado de color serio y sus suelos cubiertos por alfombras. En la mayoría de ellas he ido viendo a su responsable en su mesa o en un sillón, departiendo tranquilamente con un conocido de lo divino y lo humano. Da para pensar que apenas venden libros y que están ahí para hablar de las joyas literarias, de sus autores, de filosofía, de un mundo que ya no existe o bien para establecer una transacción económica con tiempo, a la antigua.
Pero a mí lo que me interesa de verdad son las librerías vivas, con actividad, de esas que entras y, tras mirar lo que muestran, te entran ganas de regresar rápido a casa, para ponerte a leer febrilmente, porque ves que es mucho lo que tienes pendiente, prometiendo buenos e intensos momentos.
Esta librería Gallimard está situada en la parte norte del Boulevard Raspail. Fue, es verdad, la primera en la que entramos, yendo en busca del Museo Maillol, que está ahí al lado. Pero ofreció, en cualquier caso, toda una experiencia de esas que ensalzan. Me contuve, dejé como mínimo otro libro para otra ocasión, pero ya salí de ahí cargado para todo el resto de la tarde. A ver cómo lo explico.
"La charca literaria", aunque publica también cosas de real interés de autores reconocidos, tuvo el desliz de decirme que me iría publicando unos pequeños relatos bajo el título genérico de "Casi lloré de emoción al ver esa escena en el cine". Pues bien: No me duelen prendas a la hora de reconocer que tengo dificultades para encontrar escenas de películas actuales que me provoquen ese efecto. Porque no se trataba de que estuviera viendo una película, sino de una escena real, vivida, que si no, con la sensación sentida en esa librería ya tendría material para el próximo relato.
Se me vinieron las lágrimas a los ojos y exclamé, dirigiéndome a Teresa: ¡"Esto es lo que realmente me gusta a mí!" Fue un efecto consecuencia de unas razones múltiples. Por un lado ver la coloración de libros expuestos. Nada de las vistosas y hasta aparatosas portadas de los de las librerías anglosajonas, que lamentablemente son las que están ganando también en nuestro país. Ahí, en la Gallimard, predomina el escueto pero esencial color marrón de los libros de su editorial, ese que permite pensar y es una verdad como un templo que lo importante que te está esperando en el libro está dentro, en su lectura, sin otro tipo de distracciones. Por otro lado, dar con unos cuantos libros de los que, realmente, más me llaman personalmente la atención, libros de experiencias personales, sobre temas que me atraen. Por último, ver la agilidad con la que la gente entraba, preguntaba, iba a buscar su libro, dando la sensación de que la lectura es una experiencia viva, que pese a todos los malos augurios, tiene tiempo para rato. Y, con ella, las librerías y una ciudad como París que, aunque se vaya en general banalizando, mientras las mantenga y así de activas, no dejará nunca decepcionado al visitante





 

sábado, 16 de diciembre de 2017

París


Después de unos días en París (mayormente para ver unas cuantas exposiciones), me doy cuenta ahora, mirando la tableta, de que tengo fotos para ir poniendo por aquí, si las dosifico un poco, durante un par de meses. A ver si me contengo y no indigesto.
 

Museo Wurth La Rioka

Desde el parking del recinto. Todo alrededor del enorme edificio está decorado de enormes esculturas.


Pero si hay algo que sorprende al llegar y entrar al Museo Wurth de La Rioja es su propia envergadura y presencia. Dejando la autopista justo antes de la salida correspondiente a Logroño (viniendo de Barcelona), una larga calle trazada con regla cruza todo un polígono industrial y va dejando atrás almacenes industriales. El último es el de Wurth, la gran empresa de herramientas y material de construcción y de automoción. Como su fundador tiene una gran afición por el arte contemporáneo, junto a la nave de piezas industriales aparece, como sucede en muchos otros sitios del mundo, un museo enteramente a él dedicado. Sus exposiciones, nutridas de la importantísima colección del Sr. Wurth, van sucediéndose, sin que apenas haya en él más obra permanente que alguna gran escultura, sobre todo exterior.

nterior de la instalación, que parece llamar la atención sobre los materiales (ahora pienso en gran tornillería, por ejemplo) que fábrica y vende Wurth.

Las exposiciones se concentran en la planta baja y -sobre todo- el subsuelo.

La tienda del museo, llena de objetos singulares.
 

viernes, 15 de diciembre de 2017

Museo Würth (La Rioja)


Otras obras que podían verse por el Museo Wurth de La Rioja eran esta "Lillie" de Manolo Valdés (permanente) y este realista ciclista caído, de ahora no recuerdo qué artista.





 

lunes, 4 de diciembre de 2017

Flores Navarro


Mis abuelos vivían en un piso de la calle Valencia, enfrente del Mercado de la Concepción. Era habitual que mis padres -como nosotros hicimos de forma parecida con nuestras hijas- nos depositarán ahí los domingos, mientras ellos iban a pasear, luego al cine o a hacer vete a saber qué. El domingo estaba cerrado el mercado, pero desde la tribuna del comedor se apreciaba actividad en un puesto exterior, de su cabecera. Era Flores Navarro.
Flores Navarro fue creciendo. Cuando ya no vivían mis abuelos trasladó su principal punto de venta a un amplio local de la misma calle Valencia, pero más cercano al Paseo de Gracia. Es hoy en día una de esas tiendas de la agenda de imprescindibles de Barcelona, como el Servicio Estación o en su momento fueron La Casa de las Mantas o Vinçon. No es que practique mucho, la verdad, eso del regalo de plantas o flores, pero hasta yo he gozado de ese horario ininterrumpido de todos los días del año que tienen. Si necesitas a cualquier hora, por un compromiso, un ramo o una maceta, ahí están.
Todo imperio tiene su backstage. Para los países europeos de la primera mitad del s. XX lo eran sus colonias, de donde obtenían buena parte de sus bienes. Yo no había visto nunca los terrenos del imperio Navarro por el Maresme, hasta que el sábado acompañamos a una hija que, vete a saber por qué razón, se ha dejado arrastrar por la extraña costumbre de colocar un árbol en su casa cuando se acerca la Navidad. Me repatea la costumbre y sus resultados, pero rápidamente vencí mis reticencias con el acicate de ver sus instalaciones.
Cabe decir que no las vi como debiera. A las seis de la tarde ya es ahora noche cerrada. Los puntos de venta cubiertos (¡no sólo de plantas, sino de una amplia gama de objetos de todo tipo, en su mayoría horrorosos, dispuestos a invadir cuantos metros cuadrados de piso se les ofrezcan!) estaban muy vacíos, con una luz que los hacía más fantasmales, y no pude ni atisbar sus campos de cultivo. Pude, eso sí, comprobar su enorme extensión, porque luego me perdí de lo lindo por estaré la maraña de carreteras que los cruzan y circundan, en busca de la autopista.
Mi hija se llevó un arbolito de Navidad algo escacharrado, para que bajase su precio, que un tío muy interesante que deambulaba por ahí le supo encasquetar diciéndole que le pusiera debajo un plato con agua y que a lo mejor entonces le podía vivir después de las fiestas, pero que si se moría, pues que entonces ya no.








 

domingo, 3 de diciembre de 2017

Sant Pol de Mar

Entrades a casas de Sant Pol de Mar.

Esta entradilla se da en las casas antiguas de todo el Maresme.

Esta tiene trampa. Es el acceso al jardín del Restaurante Sant Pol, de Carme Ruscadella.

Y aquí su entrada para peatones.


Esta, también de la calle principal, parece abandonada.
 

Rothesay (Isla de Bute)