domingo, 31 de marzo de 2024

La Caleta (Ibiza)

Desde la zona de las baterías.

Se puede ver la apertura practicada para acceder al mar.

El otro momento destacable del jueves sucedió a continuación del trompazo que me di en Sa Caleta. Ligeras curas por todas las superficies visiblemente dañadas por el resbalón, un buen consumo de kleenex para intentar cortar el goteo de sangre por la ceja y los dedos y listos para seguir.
En el promontorio entre Sa Caleta y la Platja Es Bol Nou, donde íbamos a comer, se está explotando un yacimiento arqueológico que deja al descubierto una ciudad púnica de gran tamaño. A su extremo sur, pese a ser muy elevado, salpicaban las olas lanzadas por un fuerte viento del SO, como pudo comprobar -tarde- más de uno, que quedó empapado. Allí mismo, un poco más al norte, los restos de una batería de costa. El pabellón que debía hacer de dormitorio para los soldados se está ahora restaurando, supongo que para hacer de Centro de Interpretación del yacimiento.
El restaurante, de hecho un gran chiringo alejado unos 50 metros de la boca abierta en la roca en su día para acceder a la Platja des Bol Nou, luce su nombre, Sa Caleta, y un orgulloso “desde 1988”.
Con eso de ir en grupo, habíamos reservado -obligado: se llenó- un menú. ¡Pero qué menú!
-Como entrante, unos calamares deliciosos, como no recuerdo haber tomado en tiempo.
-Plato principal el típico -pero que no había probado nunca- Bullit de Peix, tres tipos de pescado (en este tipo de plato se suele echar para darle sabor el pescado menos aprovechable para comer por sí solo, pero alguno estaba riquísimo), patatas cocidas y todo envuelto en una salsa amarillenta…
-El Bullit de Peix deja paso después de una paella, de hecho a un Arrós a Banda, que recuerda la proximidad de la costa levantina. Aunque por sí sólo el arroz ya está buenísimo, es una muy feliz idea dejar un poco de salsa del Bullit para echarla por encima. Se alcanza entonces un paraíso gustativo que ríete tu de la oferta de las diferentes religiones.
-De postre se podía escoger la típica Greixonera, pero me decanté por el manido Sorbete de Limón, siendo yo además el único que lo tomó sin el aditivo de vodka o cava. Demostración de que ya estaba más que satisfecho con lo anterior.
Para estirar las piernas de la larga comida (y de lo pagado) no está mal llegarse en unos metros a la Platja des Bol Nou, a recibir el efecto vivificador del viento marino.

Es Bullit de Peix

Y el restaurante de Sa Caleta.

Bajando por la apertura practicada para llegar al mar.

Allá arriba estaba la ciudad púnica… y luego las baterías.
 

Sa Caleta (Ibiza)


La última etapa del viajecillo a Formentera nos llevó el pasado jueves, ya en la isla de Ibiza, a Sa Caleta, recordable por un servidor por dos motivos hermosos y otro luctuoso.
El primero, bien hermoso, es el del mar embravecido lanzando sus olas contra las antiguas instalaciones para recoger las barcas de Sa Caleta. Dado que están colocadas sobre la playa, en vez de sobre las habituales rocas de Formentera, las “escaleras” aquí no recuerdan a las vías de tren con sus traviesas, sino que se simplifican hasta reducirse a dos maderas muy engrasadas para deslizar las barcas por ellas, con espacio entre ellas para la quilla del barco y todo el conjunto situado sobre unas rampas cimentadas. Las cubiertas de protección se han convertido aquí en auténticas construcciones.
El recuerdo luctuoso lo conservo aún gracias a los moratones, arañazos y contusiones por frente, ceja, ojo, dedos de la mano y pierna derecha, producto de un resbalón, tras un ágil y elegante saltito, al depositar mis pies en lo que creía piedra firme.
Y el otro recuerdo hermoso… lo aplazaré hasta la próxima entrada, y así no alargaré demasiado ésta.






 

Ibiza


Llegas, al final de las salinas, a la Platja des Cavallet, y no puedes creer que al otro lado de la montañita tengas el polígono industrial del ocio más bestia de Ibiza, lo que es decir Europa, con marcas como Ushuaia, Hard Rock, Palladium o Hi.

El día no permitía ver con claridad, al fondo, Dalt Vila.

La Platja des Cavallet, extendiéndose hasta la punta, con la Torre de Ses Portes.


El complejo más cercano, al otro lado de la colina. Palladium = Matutes.

La parte de atrás de Ushuaia (cuya espectacular pantalla puede verse de noche desde muy lejos, la ciudad de Ibiza incluida) ofrece un aspecto bastante cutre.

Cuando a las 3h dela madrugada acaba el espectáculo de los grandes hoteles -Sala de Espectáculo,una continua marea cruza la carretera trasera y accede a las discotecas que empiezan entonces. Ésta es Hi.
 

sábado, 30 de marzo de 2024

Dalt Vila (Ibiza)


Soltaré ahora una obviedad: la parte de la ciudad de Ibiza que más me gusta es la menos frecuentada, sin comercios ni bebercios, de Dalt Vila…





 

viernes, 29 de marzo de 2024

Las murallas de Dalt Vila (Ibiza)

Entrando en Dalt Vila por la Porta de Mar.

Bordeando la muralla de Dalt Vila, en Ibiza, te encuentras con una estatua de un párroco que pone una cara de desconsuelo descomunal. Ha debido entender de forma definitiva cómo funciona esto de nuestro tránsito por este mundo.
Es relativamente cerca donde, después de mucho esfuerzo, pude encontrar la casa de Josep Lluís Sert en Dalt Vila, aunque no se visita. Supe de ella porque está referenciada en un folleto de la Oficina de Turismo de la ciudad, pero sin especificar dirección alguna.
Lo de la formación de los funcionarios del ayuntamiento dedicados a la cosa del turismo es de juzgado de guardia. La de la oficina de turismo no sabía quién era Josep Lluís Sert y le extrañó que quisiera ir precisamente a Cap Martinet. Le pedi también que me situara alguna cosa en un plano, pero ese día se había olvidado las gafas en casa, por lo que, aunque lo conociera, era mal momento… Informó muy diligentemente a tres señoras del Inserso, eso sí, diciéndoles que Formentera era sólo para ir a la playa y tomarse una paella, pero que ahí no sabrían qué ver.
Por su parte, la mujer que cuidaba de la Casa Broner se había estudiado
los tres matrimonios del arquitecto y buena parte de su biografía, así como dos o tres detalles de la casa, y se encargaba, sobre todo, de evitar que nadie pisara y ensuciara la alfombra o pisara por el terrado por donde no convenía. No sabía dónde estaba la Casa de Sert, pero es que eso tampoco lo sabían pese a ser vecinos, ninguno de los dos -porque pesqué un cambio de turno- de la entrada del MAPE.

El desconsolado sujeto del que habló.

Junto al Museo de Arte Contemporáneo, buscando la casa de Sert, que en el esquema que finalmente obtuve en la Oficina de Turismo sobre fondo patrimonial de la ciudad debía estar a dos pasos.

La casa no se visita, y exteriormente su elemento más significativo son esos arcos de su terrado. Luego, en un libro que encontré sobre la obra de Sert en la librería de referencia de la ciudad, se podía ver un interior absolutamente moderno.

Está en una calle muy interesante, frente a la muralla.
 

jueves, 28 de marzo de 2024

Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza


La estimulante casa Broner pertenece al Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza, de modo que ahí encaminé ayer mis pasos después de la visita.
Has de ascender a Dalt Vila, hasta la parte superior de la puerta de entrada. Se trata de un contenedor bastante aparatoso, para un contenido ecléctico, que tiene como factor coayugante el ser todo de gentes que han vivido en la isla.
No explican mucho las cosas y a la entrada de la exposición temporal había un cartel de “Fake?” que suerte que había visto la película y mucha gente no entenderá: toda una pared estaba llena de Picassos, Modiglianis, etc… de Elmyr de Hory.



Robert Munfort. Once upon a time, 1960.




 

Casa-museo Broner (Ibiza)

Entrando, casi la primera pieza es una sala de estar doble, como todo lo demás orientado hacia el mar, encuadrado por esta espectacular ventana-pantalla.

Pues debimos olvidarnos de la caminata por las playas de Ses Illetes, porque se anunciaban malas condiciones marítimas y una casi segura suspensión de la travesía en ferry (“Sa barca”) a Ibiza por la tarde, que tuvimos que avanzar a primera hora de la mañana.
La decepción fue no tanto por eso (ya conocía Ses Illetes de hace muchos años, en que las recorrimos yendo por la pista en bicicleta) sino porque además de no poder ir en el exterior (el anunciado a todo cartel “Sun Deck” estaba cerrado, y nos obligaron a sentarnos, sin levantarnos, en el interior), después de venga repartir bolsas para el mareo y conminarnos a gritos y por los altavoces a permanecer sentados y mirando hacia proa, “debido a las condiciones adversas para la travesía”, pasado la última punta de Formentera, es decir, llegados a los temibles Freus, los vaivenes del barco cesaron casi por completo…
En compensación, comprobada la pésima logística para llegar a Cap Martinet y lo empinado de la urbanización que pensó para sus amigos Josep Lluís Sert, que ahora llaman Can Pep Simó, siguiendo la recomendación de Pruden, acudí a ver la casa-museo Broner, construida en 1960 por Erwin Broner, un pintor y arquitecto judío alemán de la Bauhaus, huido a Ibiza en los años 30.
Una maravilla. Situada frente al mar en el barrio ibicenco de Sa Penya, nada más entrar en ella te das cuenta del poder escenográfico empleado en su diseño, en la potenciación de los paisajes que enmarcan las diferentes ventanas.
En el terrado, unas mamparas curvas de obra que recuerdan poderosamente a las que colocaba Le Corbusier en los terrados de sus casas de pisos.
Así pues, ahora fotos de la Casa Broner, y en otro momento dos o tres cosas más de Dalt Vila, a donde acabas inexorablemente yendo huyendo de la Ibiza Moderna.

Parte de la amplia sala de estar.

Espectacular chimenea perfectamente calculada.

La visión de la otra parte de la sala de estar. A la izquierda, la más extrema zona de Sa Penya.

Mirada al E-SE, por donde entran todos los barcos al puerto de Ibiza.

En la parte norte baño y cocina, las piezas de servicio.

Dormitorio que utilizó la ahora no sé si segunda o tercera mujer de Broner, que le sobrevivió muchos años y creo fue la que añadió esta chimenea.



Una indescriptible vigilante (¿de donde sacará el Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza -que gestiona la casa- a sus funcionarios?) explica detalles de un mueble de madera que diseñó el propio Broner, que sobrevivió económicamente mucho tiempo gracias a esa actividad.



Desde el terrado, la entrada del puerto

Y picado hacia la parte baja del peñasco. Con el tiempo, la casa puede tener problemas de derrumbe por causas de erosión natural de su emplazamiento.

La catedral, vista desde una terraza.

El terrado y a la derecha una de esas piezas que tanto recuerdan a Le Corbusier




Habiendo bajado al piso inferior, donde hay un estudio de tres niveles.

En el nivel inferior ofrecen ahora exposiciones.

Una de las tres mujeres que tuvo Broner.

Escalones de enlace de los dos niveles inferiores.

Escalera de enlace de los dos niveles superiores de este piso inferior.

A la izquierda, una pintura de Broner. Luego vería en el MACI que tiene unos dibujos muy buenos.
 

Rothesay (Isla de Bute)