Tras un paseo por el congestionado litoral y regreso por el interior de Vilassar de Mar, te mereces un aperitivo frente al mar.
El único sitio donde eso es posible sin carretera y ruido de coches por el medio es el Club Náutico, donde puedes ocupar una de las mesas del ghetto reservado para los no-socios.
Antes se podía hasta aparcar junto al Club, en una prolongación del aparcamiento asilvestrado en el que que muchos obligados a ir a Barcelona dejaban sus coches para tomar el tren de cercanías.
Ahora ese descampado se ha convertido en feliz paseo (a punto de morir de éxito los fines de semana) y amplia playa (hasta el próximo gran temporal), como puede verse en la segunda fotografía.
Lo que no queda claro es donde estarán los amplios aparcamientos disuasorios para que los que viven por el Maresme y no en sus pueblos, (en general bien conectados por tren o lanzadera + tren), dejen sus coches y no invadan con ellos la ciudad, sumándose a sus atascos y además aflojando una pasta gansa en dejar en algún lado el coche. Alguien pensará que habrían tenido que tenerlo en cuenta cuando ellos o sus padres o abuelos decidieron ir a vivir en lo que anunciaban como un paraíso rural o casi en la naturaleza, pero no conocemos todas las circunstancias…

A la izquierda, la estación de tren, construida un cachito en el término municipal de Vilassar de Mar y el otro en el de Cabrera de Mar. A la derecha, lo que fue el aparcamiento asilvestrado del que habló, por el momento convertido en amplia playa.