En el primer viaje que hicimos a Roma, una de las visitas que más nos fascinó (queda ridícula, pero esa es la palabra) fue la de su cementerio acatólico, descubierto tras una larga caminata y pausa de buenas vistas por el Aventino. Más que la tumba de Keats, no obstante, fue ésta, dedicada a la casi anónima “Belinda”, la que más nos llamó la atención. Un gato reposaba en su peana y creo recordar que había en la escultura otra planta, con hojas de un verde muy oscuro que caían
desde el tiesto enclavado en el agujero. Le hice una diapositiva, que, si la encuentro, debe estar ya como difuminada, quizás ayudando al efecto causado.
En otra estancia en Roma, hicimos también una visita a este cementerio, el de más clara estética romántica que pueda pensarse. No teníamos mucho tiempo, y no encontramos la tumba de Belinda.
En esta ocasión hasta la he rodeado y he hecho la segunda foto, en la que se distingue más o menos el nombre del personaje al que cobija, así como las fechas de su nacimiento y muerte, a los 26 años.
Ahora, ya en Barcelona, he puesto esos datos en Google, y me he llevado la sorpresa de descubrir inmediatamente quién era. La solución, en este enlace.
https://en.wikipedia.org/wiki/Belinda_Lee?fbclid=IwY2xjawO4fAlleHRuA2FlbQIxMABicmlkETA3VzFwdGVaSkVTcmdsa3ZOc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHq8_DU6rrc8f1wPfey2hG2dbOTS6yEcdiS_A166_LuMg5egHRaSfiWb33Daz_aem_FDmwCNG7knBsSd60uLzTdQ