viernes, 29 de septiembre de 2017

Ronda

 En Ronda hay una plaza sombreada (y eso ya es, para empezar, muy bueno), la Plaza de la Duquesa de Parcent, que concentra a su alrededor unos cuantos de los edificios más interesantes de la ciudad: el convento de las Clarisas, el Ayuntamiento, la iglesia de Santa María la Mayor,... En este último este mismo año han reformado las cubiertas y han aprovechado para hacer visitables unos balcones que la rodean. Vale la pena subir la escalera de caracol que lleva hasta ellos...


La cúpula cubre la escalera de caracol. Han hecho dos balcones anchos, como éste, en los laterales de la iglesia, mientras que se comunican ambos por uno preexistente estrecho, de piedra, que pasa por el ábside.

La visión cenital sobre el altar que permite el nuevo acceso, superando el correspondiente vértigo...

La serranía de Ronda...

La fachada de los arcos corresponde ahora al ayuntamiento.


Escaleras de caracol en la Serranía de Ronda y la Sierra de Grazalema

Santa María la Mayor (Ronda)

La Serranía de Ronda y la Sierra de Grazalema es un destino habitual para gente de esa que se calzan unas botas, cogen unos andadores ligeros que hacen trabajar los brazos, una mochila y se pasan el día subiendo y bajando por senderos.
Intentamos hacer, dentro de nuestras posibilidades, uno corto, "de dificultad baja", según nos dijo el de la oficina de turismo del pueblo de Grazalema. Había trampa. En el tiempo establecido para la gesta no estaba contabilizado el correspondiente a ir desde la propia oficina de turismo -en la parte baja de la aglomeración- hasta su punto de arranque. Y para llegar a éste tenías que volver a recorrer (ya lo habíamos hecho previamente) toda la ascensión de sus calles, más otro tanto ya fuera de ellas. Tampoco se tenía en cuenta que a esa hora el sol caía siguiendo estrictamente la orientación de la calle ascendiente, que el camino tenía la peculiaridad de no recorrer apenas zonas umbrías, y que podía calificarse sin problemas el día como de un sol de justicia. Eso y lo de que no sé por qué tienen la manía de hacer este tipo de caminos siempre con una buena pendiente, hizo que nos rindiéramos antes de alcanzar nuestro objetivo, pero felizmente a tiempo para que, tras la mucho más cómoda y rápida bajada, llegáramos a tiempo al restaurante en el que habíamos reservado mesa, y en el que comimos la mar de bien.
Descartadas las excursiones por la zona, para que no se diga nos pusimos a gastarnos en ascensiones a campanarios, desde los que suele divisarse una buena vista, pero que te la hacen sudar previamente, dejándote molido, algo mareado y con la respiración descontrolada. He establecido unas medidas visuales claras. Puedo subir con problemas, pero superables, la altura de una casa común mediana, lo que viene a ser algo menos de 100 escalones. Si veo o avisan de que son más de cien escalones los que hay que superar, estoicamente renuncio al placer de las maravillosas vistas.
Tenía apuntado subir a las bóvedas de la catedral de Málaga, pero un casual letrero no puesto para anunciarte que podías tener problemas, sino laudatorio, me hizo saber que se debían superar más de 200 escalones. Nos sacrificamos. Hemos hecho luego bastantes miradores, pero renunciado a unos cuantos, que no hay por qué acelerar el poco tiempo que nos debe quedar.
A los miradores se llega por rampas o escaleras en general anodinos, pero a los campanarios de iglesias antiguas por unas escaleras de caracol curiosas, con un eje retorcido. Claro es que la oscuridad, los puntos explosivos de luz o la propia excitación no dejan sacar las fotografías que merecen. Aquí cuelgo la de Santa María la Mayor de Ronda (un ascenso recientemente abierto a unos nuevos balcones habilitados muy atractivos), la de la Iglesia del Espíritu Santo de la misma Ronda y la de la Iglesia de Santa María la Mayor de Medina-Sidonia, ya habiendo salido de la zona. En medio, la que llevaba al terrado del hotel rural de Arcos de la Frontera donde nos alojamos.

Iglesia del Espíritu Santo (Ronda)

Acceso al terrado en una casa de Arcos de la Frontera.

Santa María la Mayor de Medina-Sidonia.
 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

La Maestranza de Ronda

Llegando de buena mañana a la plaza de toros de la Maestranza.


Habrá quien, enemigo de las corridas de toros, estando por Ronda, decida no entrar a ver su Maestranza. Estaría, desde luego, en su derecho, pero cometería una solemne idiotez. En pocas ocasiones como ésta de visitarla puede uno captar de forma tan diáfana el origen ancestral de una fiesta, sentir la belleza y funcionalidad de una arquitectura, admirar toda la organización que la acompaña. Como propina, además, en su museo taurino, puede apreciar unas cuantas obras de arte a las que ha dado pie.
Con la entrada se visita su increíble plaza de toros, sus museos (taurino, colecciones de arte, armas y guarnicionería), corrales, picadero, toriles, cuadras y establos de caballos.
Ahora, la plaza de toros. En otro momento, fotos presentables de otras de sus instalaciones.

Rodeando la plaza, sin apenas turistas, hasta su entrada para visitas.

Entrar y pisar el albero.

Desde el ruedo.

La escalera de acceso a los palcos altos.


La escalera desde su parte inferior.

Desde el acceso a los palcos altos.

Los asientos numerados.


El pasillo circular de acceso a los palcos altos (una entrada a la izquierda).

La techumbre del pasillo circular.

Al fondo, la serranía.

Paseando por los burladeros.

El burladero de la policía y fotógrafos. La impresión que debe dar ver venir a toda velocidad hacia aquí al toro recién salido de los toriles.

Abandonando la plaza.

Y ya llegan las masas de turistas. Perdón por haber colgado tantas fotos de golpe.
 

Serranía de Ronda y la de Sierra de Grazalema

Antes de que se haga más difícil, hemos hecho un pequeño viaje por la Serranía de Ronda y la de Sierra de Grazalema. Gente que derrocha simpatía, pueblos en lo alto que precisan de buenos pulmones y piernas, ahora mismo ya nostalgia del buen estar.
Se os vais a dar Ustedes un pequeño hartazgo de fotos que he hecho de cosas de por esa zona.


Ronda

Grazalema

Ubrique

Setenil de las Bodegas

Olvera

 

sábado, 23 de septiembre de 2017

Torre Simó (Tona)

Durante mi infancia era un gris caserón semi-abandonado que, en su verja posterior, tenía unos avellanos que daban unos frutos buenísimos. Aún hoy, cuando pruebo unas avellanas crudas, creo que estoy intentando acercarme a ese sabor inicial. Durante mucho tiempo fue un convento, y hace muy poco sus propietarios y gerentes actuales nos explicaron que sirvió para retener a gente no adicta al régimen durante la inmediata posguerra.
Es la "Torre Simón", el actual restaurante de postín de Tona. La casa ha recuperado el color y las alegrías que le infundió el Simón (de Montaner y Simón) que la mandó construir a principios de siglo, seguramente atraído -como su socio, Montaner- por la entonces pujante estación balnearia. Una brillantez que debió continuar hasta casi los años 60, cuando el atractivo estival de ese tipo de pueblos fue cayendo paulatinamente, siendo sustituido por el de los sitios de playa. Entre la Torre Simón y la Ferrería -una masía, antigua posada, convertida también en restaurante, en este caso por 1970- llegué aún a ver los restos de una bolera, otra moda que ya había desaparecido, pero la cosa desde luego habla de que por 1950 el poder de atracción era aún bien fuerte.
En ella se come ahora caro (aunque, como me invitaron, no debiera por discreción tocar este tema), pero la mar de bien.







 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Monasterio de Neamt (Rumania)

Monjes del monasterio de Neamt, en Rumanía.
Cuando se iniciaba la crisis ésta que por arte de birlibirloque nos ha vuelto a todos más pobres, bastante antes del follón actual que nos puede hundir unos peldaños aún más abajo, pasé por el monasterio de Poblet. Para entonces ya habían reformado las celdas de los monjes y disponían todas de calefacción. Hablando del tema entonces estrella, coincidimos en que una salida nada desechable era hacerse monje. Vida sin grandes lujos, pero manutención y alojamiento asegurados, así como posibilidad de vivir al margen de lo que atormenta al resto de los mortales. Si no fuera por los turistas, además, tranquilidad suficiente para ir cada uno a lo suyo, con sus estudios y tal. No sé dispondría de los servicios de una Filmoteca, pero la de Shangrila se avendría a hacer olvidar un poco esa ausencia.
Parece, por la leña acumulada, que los de Neamt no tenían un sistema moderno de calefacción. También parece que debían hacerse la colada, pero vista la blancura de su ropa puesta a tender, eso lo tenían por su mano. En fin: todo es ponerse.








 

Las Piscinas Prat de Tona

Cosas que han tenido una gran categoría y prestancia, y mira en qué se convierten. Debería buscar entre las colecciones de Escudo de Oro, porque la de las Piscinas Prat eran siempre unas de las del juego de postales de sitios emblemáticos de Tona.
Una enorme piscina con trampolín, otra pequeñita para niños, todo un edificio para las casetas de baño, otro con una terraza algo elevada con pérgola cubierta con plantas trepadoras para el bar y cafetería (donde se veía a unos habituales que llegaban periódicamente a hacer su "almorçar de forquilla"), una zona extensa zona de césped y hasta otra de bosque,... Hasta, más tarde, pistas de tenis. Eran unas piscinas completas.
También eran el lugar de experiencias comunes -pero sin exagerar- entre la colonia de veraneantes y los del pueblo. El espacio daba para una zona selecta (a su vez subdividida en el de la familia tal, el de la familia cual de veraneantes, siempre en su mismo sitio, en áreas independientes, que sólo se ponían en contacto por los vástagos respectivos si formaban parte del mismo grupo de correrías) y para el sitio de los del pueblo.
En fin. Estas fotos del estado actual de las Piscinas Prat las saqué a principios de este mes de septiembre. Pasamos por la casita donde se entregaba el vale para entrar en el recinto, luego, por un pequeño sendero sinuoso entre la vegetación que se había comido casi todo, empezamos a ver restos más o menos reconocibles. Sic Transit Gloria Mundi.


Lo que queda de la gran piscina. Ésto es sólo la parte que no cubría. No sé por qué razones ahora es la única que queda.

La piscina infantil.

En primer término, la piscina infantil. Detrás, el edificio de las cabinas de baño.

A la derecha aún se ven las balaustradas del terrado -accesible- de las cabinas de baño. Al fondo, tapiado e inaccesible, el bar y cafetería. Esta foto no se habría podido hacer en los años 60, porque estaríamos a 1'65 metros de altura sobre el agua de la gran piscina.

La selva acabará cubriendo los restos de civilización. Ésta podría ser la reflexión. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

Perpignan

29 Festival de Fotoperiodismo de Perpignan. Este año sedes más agrupadas. Decían que exposiciones de menor dureza que otros años, pero de todas formas, tras unas cuantas lecciones ilustradas de cómo está el mundo se sale igualmente con el corazón encogido. Mucha cosa buena y de gran interés. Iré poco a poco hablando de unas cuantas de las exposiciones oficiales. Si puede ser, con fotografías buenas sacadas de internet. Si no las encuentro, con alguna que he hecho, llena de reflejos.

El Convent des Minimes, como siembre, abrigando el grueso de las exposiciones.

Este año el Taller d'Arquitectura se suma como sede.

El claustro de los Dominicos, que da paso a otro de los sitios emblemáticos del Festival.

La impresionante iglesia de los Dominicos.

No falla tampoco este año el Hôtel Pams, que al margen del festival presenta en una curiosa sala que no suele abrirse fotografías de Picasso por la zona.

Y en el Palais del Congrés, otra Expo oficial y actividades varias.
 

Rothesay (Isla de Bute)