Desde la entrada, la nave de los horrores
Pero yo estaba en la Valencia pre-fallas, la de las mascletás pasadas por agua. Cedí un año en ir a las mascletás y me he quedado enganchado a ese momento de elevación auditiva comunitaria, más allá de lo normal. Pero las fallas, lo que son las fallas, su estética entera, que no, que no me entra, y las voy rehuyendo.
Y más después de lo que vi. Me explico: sobre la mesa estaba, entre mascletá y mascletá, ir a ver los ninots expuestos a primeros de marzo allá lejos, por donde lo de Calatrava. Salté como si me hubieran pinchado, disculpando mi ausencia en la visita. Hasta que me señalaron que no se trataba de ninots de fallas actuales, de las que cada año los que las levantan escogen un ninot que, si gana en esa muestra-concurso, lo indultan del fuego, sino de ninots indultados por premiados en fallas durante toda la historia de la fiesta.
-Eso es otra cosa, que puede resultar curiosa-asentí.
De modo que después de comer, aprovechando una pausa en las lluvias, nos dirigimos caminando, para bajar la comida, hasta el lugar de marras, el Museo Fallero, donde Cristo no sé muy bien qué perdió. Un fatídico letrero nos recibió: “Lunes cerrado”.
-Ya que estamos aquí, cruzando la Ciutat de les Arts i les Ciències -ya estamos con Calatrava de nuevo- podríamos ver los ninots presentados a indulto de este año… Eso… o nada.
Y no. Aunque no había las masas de gente que me temía, esa planta baja -con techo bajo, bajo-, llena a más no poder de estos artilugios, te hace ver la cantidad de fallas que se montan en la ciudad, y te provoca un mareo fenomenal, que te hace salir pitando a tomar aire llueva, nieve o relampaguee.
Al principio constatas lo feos que son los monigotes, pero crees que todo mejorará, porque el recorrido va de menos a más por una clasificación de importancia de la falla que tienen, con varias divisiones, como en la liga del fútbol, para acabar con la categoría especial, donde deben estar las fallas más céntricas y con mayor presupuesto. Pues no hay consuelo, son igual de feas de principio a fin.
En unos paneles se exhibían unas fotos de fallas de hace muchos años y ahí sí que había alguna graciosa o interesante. Pero, en la actualidad, la estética esa de cómic, de caricatura de tebeo moderno, lo invade todo, y mezclado o alternando con el gusto por el detalle de los valencianos, te lleva a una indigestión rápida, que conduce a las náuseas.
Cuelgo alguna foto de conjunto o detalle para que se aprecie que no exagero, más alguna otra de las fotos históricas de que hablo o, también, algún detalle de alguna perdida, que no sé qué hace ahí en medio, la pobre.

Así por miles.
Sigue y sigue.
Estos de la moto, por lo menos, tenían su gracia.
Y éstos, con Manolete. No parecían caricaturas tan simplificadas…
Este es actual y es de lo poco que me pareció bien.
Con esta señora del kiosco que vende esas tiras de verbena. Pero la pobre está rodeada de todo lo que se ve,..
Llegando a extremos aberrantes como éstos, que no dejan posar la vista.