Bufalo Bill como héroe histórico nacional. Creo que su sección estaba cercana a una escafandra de astronauta, los trajes de las “primeras damas” de la presidencia norteamericana, los zapatos de Dorothy de “Él mago de Oz” y la primera bandera del país, cada cosa amenizada con su música.
Viéndolo te preguntas qué se puede hacer con esa gente. Es verdad que no es en absoluto un museo pomposo, y eso está bien, porque es lo que tocaría por otros lados, incluso muy cercanos. Pero no siendo eso ha caído en lo contrario. Una especie de llamativo parque de atracciones de esos de maquinitas individuales.
El Museo de Historia Estadounidense, en Washington D.C., ocupa un edificio enorme que, sí lo quieres recorrer (ya aviso que no hace falta alguna) te puede llevar toda una jornada. La relación de temas a ver, según su directorio, es inacabable, pero no conviene hacerse muchas ilusiones escogiendo uno u otro, porque todo es de un similar nivel: el de la tontería más banal.
Parece que está hecho para llamar la atención de quienes no irían nunca a un museo, y te encuentras a familias completas toqueteando por aquí y por allá, consumiendo esa u otra píldora, porque no hay platos duraderos, sino flashes llamativos sin trasfondo alguno.
Dicho todo lo cual, puedes encontrar algo que te hace gracia, pero queda rodeado de tanta vacuidad que no compensa.
Confirmación de que Barcelona fue etapa del recorrido europeo de su circo.
Ya me dirás…