martes, 28 de septiembre de 2021

La arboleda del Sur (Excaray)


Aunque sea muy tarde, ya oscureciendo totalmente, no puedo olvidar la cita con la Arboleda de El Sur.
Por cierto que la casa sigue en pie, parece -por las luces- habitada y conserva la veleta en forma de gaviota en su tejado, apuntando, precisamente, hacia el sur.
Pero no sé si habrá cambiado de propietarios o será una nueva generación de los previos la que ha talado buena parte de la vegetación que la cubría y tapaba bastante la casa mirando desde la carretera. Por otra parte, no sé si es que las obras de mejora están a medio hacer, pero el parterre y esa estructura verde para sostener rosales y plantas trepadoras que conducía a Rafaela Aparicio siguen ahí, pero hechos unos zorros, por lo que yo diría que puede temerse por su futuro.





 

jueves, 23 de septiembre de 2021

Empuries


Los cambios de línea de las costas también se detectan en las playas de Empuries, hasta el punto que, si no se estuviese atento, vete a saber si el mar no se adentraría hasta donde llegaba en la época romana…
En la imagen, esas rocas en medio del tranquilo Mediterráneo del lunes por la tarde, justo antes de que se pusiera a llover y bajar las temperaturas certificando el final del verano, son las que llaman “les muscleres grans”, “las mejilloneras grandes”, por mas que ya no quede en ellas ni un infeliz mejillón, pues han sido esquilmados, como las lapas que también las cubrían.
Un istmo de arena las unía tradicionalmente al sitio donde están esas sombrillas. Cuando era un crío, ese istmo, bastante amplio salvo en su parte final, era donde mis padres clavaban su sombrilla azul marino (haciendo un agujero con una pala y luego cubriendo el hueco formado con arena bien apisonada: aún sin esa ingeniosa broca de plástico que ahora facilita la operación). Era, pues, donde teníamos nuestra base seca todas las mañanas de nuestro mes de vacaciones de verano.
Si no estoy equivocado, fue allí también a donde llegó, en una barca de pesca, la antorcha olímpica en 1992.
Después de varios años en que faltaban unos cuantos metros para poder hacer el recorrido hasta las ‘muscleres’ sin mojarte, este año ya nos hemos quedado sin la barra de arena completa.

 

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Parlavà


Está en Parlavá. Es la casa que está enfrente de la iglesia. Quién sabe si en otra vida no era la casa del cura, o algo así.
Ahora supongo que debe ser de alguien que la compró, restauró y supo mantener o quizás subrayar este “blauet” (azulete) que ahora lo hace pasto propicio para fotografías de colorines o revistas de decoración.


 

L'Escala


Marejada. Ayer, a la hora del desayuno.
 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Visa pour l'image 20121 (Perpignan)

Eric Bouvet. Soldados de Irak rindiéndose enarbolando el Corán.

Cita anual con el Visa pour l’image, el festival de fotoperiodismo de Perpignan.
Ya pasada la semana de los profesionales, ahora, hasta el 12 de septiembre, resta un certamen muy asequible, concentrado, con las exposiciones a un tiro de piedra una de otra.
En cuanto a contenidos, basta con pensar en qué conflictos se ha visto implicada, qué percances ha debido enfrentar la humanidad en los últimos tiempos, para verlos reflejados en una u otra exposición por alguno de los fotoperiodistas que presentan su trabajo: las corrientes emigratorias y la acogida de refugiados, la inacabable guerra de Siria, el reciente conflicto entre azerís y armenios, el conflicto del Tigré, la pandemia,…
De tan frecuentemente con que se presentan esos conflictos y percances, puede pasar que leamos cuál es el tema del que os va a hablar con sus imágenes el periodista, miremos un par de sus fotografías y, aún conscientes del dolor que hay en ellas, teniéndolas asimiladas de tan vistas en algún telenoticias, pasemos de forma rápida. Es, en estos casos, muy difícil el frenazo, pero también se da. En alguno de ellos, el fotógrafo ha sabido ofrecer una imagen que, trascendiendo el reflejo de lo que está ocurriendo ya sea por la inmensidad de lo mostrado, su originalidad, intención o -por qué no- estética, te hace parar en seco y adquirir de un golpe todo lo que te quiere decir.
También, de tanto en tanto, el tema propuesto por el fotoperiodista en cuestión escapa de uno de los candentes enfrentamientos y conflictos que hay por el mundo y sus consecuencias. Eso (el caso de las fotografías sobre Portugal de Patricia de Melo Moreira) o que presenta un aspecto de detalle que te aparta por un momento del drama de primera plana (como las de las bodas en Haití, por ejemplo), hace que contemples la correspondiente exposición aflorando una sonrisa y hasta con agradecimiento.
Y, como siempre, una retrospectiva sobre un fotógrafo de relieve. Este año ha sido el caso de Éric Bouvet.
Hasta el 12 de septiembre, digo, emociones de toda orden para dar y vender. Y, como siempre, ahora volviendo a la vida, completando un largo proceso de restauración de su centro histórico, la ciudad de Perpignan acogiéndolas , dejando ver sus secretos, permitiendo descansar en alguno de sus rincones.


Éric Bouvet. Niña chechena paseando a su hermano por las ruinas de Grozny, 1996. Fotografía en buen estado lumínico y de colores encontrada en internet, pero invertida.

Adeeb Alsayed. Comerciantes en el Zoco de Alepo, 2019.

Patricia de Melo Moreira. Conductora de tranvía, 2018.

Inicio del barrio gitano de Perpignan, con buena parte de los edificios ya restaurados.

El patio del Hotel Pams, una de las sedes del festival.

Una nueva terraza de restaurante, surgida en un patio de la catedral.
 

Cementerio de Llofriu

No hay nada ostentoso en el cementerio de Llofriu. Todo lo más, un par de nichos juntos hacen las veces de un panteón familiar, como es el caso de la tumba de Josep Pla. Pero a ver quién es capaz de destacar en ella algo que resulte por encima de lo que nos muestran las de los demás residentes, antiguos vecinos de la localidad.
Detrás de los nichos puede apreciarse un muro de piedras bastante irregulares, con algún roto con aspecto de zurcido y algún coronamiento venido abajo. Y fuera del recinto un entorno de lo más anodino: un camino flanqueado por la valla de una algo destartalada finca industrial.
Quizás lo más destacable del cementerio, en todo caso, sea la agradable modestia de su fachada, donde han colocado una pequeña escultura en forma de libro, con una frase alegórica, toda ella convertida en óxido hasta casi no permitir la lectura y donde también La Caixa ha tenido que añadir su logo a un simpático mosaico que marca la etapa de la ruta Pla que -nos queda claro- subvenciona la institución.
Franqueada la verja, la pequeña avenida deja atrás sus cipreses, permite tomar aire en una superficie no cercada por la tristeza infinita que confieren los nichos y nos aproxima, sin remedio, hasta ellos.







 

Rothesay (Isla de Bute)