lunes, 28 de septiembre de 2020

Sant Mateu


La pieza clave de Sant Mateu es su plaza, de donde salen, en todas direcciones, las calles principales de la localidad.
A unos pasos de ella están la iglesia arcipestral y el ayuntamiento, así como los principales comercios, pero el meollo de la vida de la población se encuentra, sin ninguna duda, en ella. Mercado inmemorial, fuente excéntrica, soportales por todos sus lados acogiendo terrazas de cafés, que rebosan hasta conquistar buena parte de su superficie.




 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Sant Mateu


Durante los viajes debo segregar, debido al ansia por descubrir nuevas cosas, alguna substancia que me hace olvidarme de las limitaciones de mi cuerpo, ya decididamente senil. El efecto desaparece, desgraciadamente, tan pronto como se produce el regreso, y a partir de entonces empieza un penoso periodo de recuperación, que dura lo suyo.
Así, anoche me desperté, notando brutalmente la fuerza de la gravedad, ante una imagen congelada en el monitor de televisión. Era del final de una película de Satyajit Ray, que me propuse y empecé a ver (no me gustaba especialmente, salvo en reducidos momentos, y forzaba la atención para ver si éstos se alargaban).
Durante el periodo de recuperación me dedicaré a vivir de prestado del pequeño viajecillo al Maestrazgo de esta semana e iré colgando por aquí algunas imágenes que complementen las que ya he ido poniendo, para ver si trasmiten alguna de las sensaciones atesoradas. La principal de las cuales es que aún pueden captarse, en general ya hechas unos zorros, las huellas de unas formas de vida que mayoritariamente se fueron. Y eso da para una recurrente pregunta: qué hacer para que sigan ahí, en buenas condiciones, sin tergiversarse ni adulterarse.
Nuestro primer destino fue Sant Mateu, antigua capital del Maestrat valenciano. Llegando a la población caímos en que era precisamente el día de San Mateo y que a lo mejor -a lo peor, rápidamente dije yo, siempre negativo ante las perspectivas- era fiesta.
Una valla al llegar confirmaba los temores. No se podía pasar más allá, porque eran las fiestas de la localidad, en celebración de su patrón. No sólo entraba en peligro ver Sant Mateu con el ajetreo laboral, de gran capital de comarca, que me había montado en la cabeza, sino que estaba en peligro, ante la segura afluencia de visitantes, nuestra propia comida, prevista en la fonda de la plaza para después de haber visitado lo más remarcable del sitio...
Dos cosas llegaron en nuestra ayuda, las dos, se mire como se mire, negativas: por un lado la alarma desatada por el coronavirus, que en este caso hizo que las fiestas de la localidad fueran un pálido reflejo de lo que deben ser habitualmente, alejando la concentración de masas de curiosos. Por otro, algo de lo que en el fondo, egoístas radicales que somos, disfrutamos durante todo el viaje (a la vez que de la ausencia de hordas turísticas), el silencio y tranquilidad, resultado, ¡ay!, del profundo abandono de la región.
Como nos comentó el camarero de la fonda -donde pudimos comer finalmente, tras veloz reserva, posiblemente innecesaria-, lo que habitualmente es una nutrida procesión, que lleva de la iglesia, una vez finalizada la solemne misa, al ayuntamiento, otras veces pasando por todo el pueblo, en esta ocasión directamente, se vio reducida a la mínima expresión: el concejo municipal en pleno, con dos pobres provistos de disfraz y maza delante y cerrado por la alcaldesa, vara de mando en mano.
El reportero Tribulete estuvo ahí intentando hacer lo que buenamente pudo. Como se verá, entre la comitiva había también un fotógrafo oficial. Yo diría que mi presencia tableta en mano como visión alternativa hasta fue bien recibida, pese a lo cual no llegué a tiempo de recoger la toma de la foto solemne, de todo el concejo, firmes delante del ayuntamiento. Alguien me vio cuando ya estaban rompiendo la formación y parte de ellos habían entrado en el edificio. Les voceó que llegaba ese periodista que había estado merodeando por ahí, que esperasen. Hubo un momento de tensa espera, pero mi tableta no dio el pego, fue despreciada por uno de ellos y la disgregación fue completa. Una lástima.





Testigo de un fracaso: ya todo pasado, sin la foto oficial de broche.
 

sábado, 26 de septiembre de 2020

Fortanete (Maestrazgo)

Un camino entre vallas de piedra seca, muy diferentes, sin embargo, de las que se encuentran entre La Iglesuela del Cid y Villafranca del Cid.
Es un camino que lleva a los campos colindantes, que se ven extenderse desde lo alto del hermoso puente de Fortanete. Desde allí, girando la vista noventa grados, un magnífico caserón, ahora en venta.
En sentido opuesto han amenizado, sin ponerse nada cursis, como si todo ello surgiera naturalmente, un paseo bajo los árboles de ribera. En conjunto, un rincón singular, muy verde, que me parece sería una lástima saltarse cuando se explora la región. O esa impresión nos dio.









 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Cañada de Benatanduz


Cañada de Benatanduz, vamos a suponer. Llegar ahí después de una semana de agobio, de no parar de follones de uno u otro tipo. Dar un paseo para respirar el ambiente. Concentrarse un tiempo ante la iglesia, el Ayuntamiento y el Hospital de los pobres, sacando un pensamiento de cada uno de ellos.
Girar en completo sobre sí mismo y echar un responso por la Escuela de Niñas.
Ya establecido todo eso, subir hasta el cementerio, por una pista de arena comprimida que arrastrarán abajo las próximas lluvias.
Acercarse al llegar a la cota más alta al mirador subvencionado por la Unión Europea con tal de que esté preparado para dar pistas de lo que tienen delante a cualquier invidente que ahí se asome.
Observar durante un tiempo la cañada. Localizar cada elemento de lo ofrecido a la vista. Respirar, ya tranquilo y regresar.
Son 120 euros, pagaderos en efectivo, por transferencia o con carta bancaria.




 

La ciudad de Valls recorrida en vuelo rasante una tarde de verano (6, y no hay forma de que se acabe)

Entramos ahora en El Barrio judío. En todos lados, si queda alguna huella de la presencia de los judíos antes de su expulsión, es una tupida red de callejas entrecruzadas de forma retorcida. Valls no es una excepción. En los últimos años han empezado a salir estudios sobre el Call y se ha podido ubicar, con mayor o menor precisión unos cuantos de sus lugares, se han puesto placas, se han renombrado calles.
El primer signo de que se ha entrado en el call (el barrio judío) es una placa que da ese nombre a una calle, que arranca como un paso bajo otra casa (foto 1). Ahí al lado se puede distinguir, en un local, entre neblinas, con colores algo amortiguados, un cartel (foto 2), pero no creo que tenga demasiada relación.
En la adjudicación de nombres y placas, a este edificio, en principio con acceso por esta puerta, ambos (foto 3) muy desvencijados, les ha tocado en suerte corresponder al “Antic estudi”, algo así como la escuela primaria judía, según se comenta en la placa.
La foto 4 no sé si puede asociarse al barrio judío (que parece expandirse, como la búsqueda de sitios históricos referenciables, que ha dejado por ahí cerca un buen agujero junto a lo que debían ser en tiempos murallas). En todo caso, remarca un elemento mucho más reciente, pero que me ha gustado ver repartido, en diferentes formas y condiciones, por toda la ciudad antigua.
La foto 5 muestra una calle interesante. Los edificios de su lado derecho o sus antecedentes marcarían el trazado de la muralla de la ciudad antigua.
En el siguiente capítulo nos apartaremos de los márgenes para volver hacia la parte central de la ciudad antigua, por si alguien se muestra aún con fuerzas para ello. Serán zonas algo menos destrozadas que las que correspondían al call, pero también algo depauperadas.







 

Maestrazgo


No solo de pueblos vive el hombre. También existen los paisajes entre ellos. Los del Maestrazgo resultan estar trazados en una gran, enorme escala.
Ares del Maestre, desde los pies de su castillo.

Al fondo, a la derecha, se distingue el caserío de Cantavieja.

Los campos de cultivo de Fortanete desde lo alto de su puente.

Donde se juntan dos barrancos, Villarroya de los Pinares.

Un pilón en el altiplano de Allepuz.
 

La ciudad de Valls recorrida en vuelo rasante una tarde de verano (5)


Quedamos en que, como queda aún tiempo, me presento para que se sepa que estoy por ahí, pero me escapo para continuar explorando la ciudad. Lo hago por fuera de lo que era la ciudad antigua, lo que se nota un montón por la calidad y antigüedad de los edificios, así como en que por ahí ya se permite el uso de automóviles. Estoy a punto de regresar para recorrer de nuevo la calle Cort, cuando veo unos volúmenes enormes, que parecen corresponder a un antiguo cine. Me acerco y, efectivamente, aún se ve, grabado en la piedra, “Cine Valls”. Ya pondré las fotos más adelante.
Recorro la calle de circunvalación hasta que doy con una apertura que deja entrar de nuevo en la ciudad antigua. Yendo en dirección opuesta a la de antes me dirijo por la misma calle Cort hacia la Iglesia de Sant Joan, que se ve al fondo, mostrando su gran rosetón y dignificando un paisaje que se nota, en comparación con el resto de la calle, bastante empobrecido (foto1).
La parada siguiente es la de la plaça del Blat (del Trigo), antes plaza de España (nombre de acabada la guerra civil, antes Libertad -Republica-, antes Isabel II, antes Constitución -1812-, antes del Blat).
La preside el aparatoso ayuntamiento, pero los ojos, haciendo caso omiso por un momento de tanto reclamo en forma de pancartas, banderas y lacitos, se me van hacia el Bar Brunch, con unos soportales delante (foto 2). En esta ocasión la placa que marca la etapa en un recorrido por el barrio antiguo la verdad es que desentona y contradice las formas floridas de sus puertas (foto 3).
Sorprendentemente, la fachada del Ayuntamiento, leo que en manos de un alcalde de Junts per Catalunya, está libre de proclamas reivindicativas directas o alusivas (foto 4), pero girando la cabeza hacia la plaza que preside (foto 5), te invade todo un concierto de ellas, en amplio contraste (foto 5).
La plaza está prácticamente sin vida y me dirijo entonces hacia el barrio judío, pero eso ya constituirá otro capítulo, aún así con el riesgo de ya estar hartando al personal.





 

martes, 22 de septiembre de 2020

Mirambel

El magnífico portal de las monjas agustinas, desde dentro del pueblo.

Me sabe mal, porque alguno hasta se ofenderá, pero me da la impresión de que en Mirambel la han cagao.
Sí, las celosías esas del Convento de las Agustinas, con toda esa colección de dibujos geométricos que dirías pertenecen a un pueblo del Magreb o etíope están muy bien y se nota que hay caserones señoriales y simplemente antiguos muy singulares, pero me temo que con todas sus restauraciones a cuestas ha entrado en un camino de no retorno.
Hablo de un camino que han emprendido cantidad de sitios del mundo entero. En su inicio aplaudes la iniciativa. No se debe dejar caer en la ruina más absoluta a un edificio notorio, a una calle muy significativa del lugar.
Luego ya empieza a ser más discutible todo. Un nuevo pavimento cubre sus calles. Alguien decidió que fuera de apariencia rústica, pero con todos los avances técnicos actuales y las ventajas -¡ay!- de la serialidad.
Más adelante ya se acaba de fastidiar todo. Con muy buena intención se intentan evitar barbaridades y para que las nuevas edificaciones o reformas que se hagan de los edificios antiguos no desentonen con el conjunto, se reglamentan absolutamente todos los detalles. Es así como se llega a aberraciones como las de la Cerdaña, donde todos los techos han de ser de pizarra, todas sus fachadas deben mostrar sus materiales de base, que no pueden ser sino piedra y madera, pero además de unas determinadas características. Prohibido bajo pena de excomunión recubrir las superficies con cal o mortero.
El resultado son unos pueblos que atraen a muchos visitantes, cámara en mano, ansiosos de alojarse en una casa rural con elementos lo más “auténticos” posible, de comprar en ellos algo típico en tiendas “ad hoc” que van apareciendo y emocionados por lo que ven sus ojos: calles y casas de piedra, de apariencia noble, sólida, ordenada.
Pero a todas éstas ya ha desaparecido consigo toda la posible vida que antes podría con muy poco intuirse a partir de unas piedras de una casa, un elemento de un patio, un letrero. El pueblo pasa a ser una industria extractiva (de turismo). Solo faltaría cobrar entrada y se redondearía por completo el aspecto de parque temático.
No es que tenga muy claro qué se puede hacer para evitar esta deriva, como también entiendo que la situación primitiva no era ninguna bicoca. En el pie de la última foto explico algo al respecto...

Pero girando la vista ves la calle principal, con ese pavimento tan regular, esas fachadas de piedra tan pulimentada, etc. Ante tanto orden impecable, ¿qué queréis que os diga? Lo que me resulta más atractivo es, casi, esa casa de fachada revocada de la izquierda, ahora a la venta, que hasta el m9mento se ha salvado de la reforma a la que obligarán a sus compradores, que la convertirá en un clon de las demás.

Todo el presupuesto público, destinado en la línea de actuación que critico.

A la entrada del pueblo estas regularidades del pavimento, estos bancos y jardineras ya me han hecho arrugar la nariz.

Una de las casas reformadas de la localidad, ahora vacía porque supongo que sus nuevos dueños han acabado sus vacaciones y han regresado a vivir a la ciudad. Por casualidad nos hemos encontrado a un señor que vive en Barcelona, a donde acudió en los 70 que nació en ella. Su vida ahi durante su infancia tampoco es que fuera muy zalamera. Dice que eran siete hijos y no tenían así ni para comer. Si hacían una tortilla de dos huevos, la repartían entre los siete, como gran banquete. Una vez jubilado, volvió a Mirambel, se hizo una casita en otro lado, tiene algún almendro y algo más que cuida y en invierno se vuelve para Barcelona.
 

La ciudad de Valls recorrida a vuelo rasante una tarde de verano (4)


Estamos ahora en el considerado centro por antonomasia de Valls. Viendo la imagen de la primera foto, por un momento piensas si no nos encontraremos realmente en Reus. Pero no, no es el Centre de Lectura de Reus, sino de Valls. Difícil de igualar la biblioteca o el cine-club del primero, pero, por lo demás, se ve que también programa múltiples actividades para sus socios. Y tiene en la parte baja una cafetería de esas “lugar donde ser visto” que, pese a las ganas, puesto que sus parroquianos me empezaron a mirar no me atreví a fotografiar.
Un poco más allá, en la esquina de la calle Cort con la Plaça del Pati, das con ese interesante “mueble metálico” (segunda foto). Quizás fuera siempre, como ahora, una vitrina para anuncios, pero yo no puedo dejar de pensar que quizás tuviera en algún momento la función de cartelera de la ciudad.
Atraviesas, siguiendo el mismo eje, la larguísima Plaça del Pati, que parece ser ahora el sitio donde se reúnen y descansan los habitantes de Valls, y entonces te topas con el Hospital de Sant Roc (foto 4). Casualidad increíble, porque no la andaba buscando todavía, es en la sala de exposiciones de ese edificio donde tiene lugar la exposición (tenía, hasta el pasado domingo) que me había llevado a Valls. Una exposición sobre cineclubismo que estuvo hace casi un año en la Filmoteca y que ahora se va exhibiendo, más desnuda, viajando sólo sus plafones, sin todo el aparato escenográfico que la vestía en la Filmoteca, por diferentes sitios de Cataluña.
Pero como hay aún tiempo antes del acto, eso me permitirá reemprender el periplo por el centro de la ciudad, y presentar por aquí más capítulos con las fotografías correspondientes.







 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Valls


La ciudad de Valls recorrida en vuelo rasante una tarde de septiembre (2)
Una señora que me crucé mientras intentaba hacer una foto a unas cerámicas que mostraba la fachada de una tienda le dijo a su amiga en voz alta, para que yo también le oyera:
-Aquest senyor deu estar fent un informe sobre Valls...
Les sonreí, contestándoles:
-Ah! Ens hem creuat ja abans?
Y es que, realmente, aprovechando el tiempo del que disponía antes de la cita que me había llevado ahí, me recorrí lo más significativo del centro de Valls a mi aire, algo caóticamente, sin más plan preconcebido que profundizar en los barrios más antiguos y apartados, que no conocía.
Me parece que, para evitarme problemas en la selección, presentaré las fotos ‘en pequeñas diócesis”, siguiendo el orden en que las hice. Así, si alguien conoce la ciudad, podrá reconocer las vueltas arriba y abajo que llegué a hacer.
Siguiendo esa pauta, hoy les tocaría a un par de palacios de muy buena presencia que me encontré, resaltando frente a sus edificios vecinos, tras entrar directamente por la zona más antigua, pero quizás más necesitada de restauración (aunque esa quizás sea, pese a que ya se ha actuado ahí mucho, el barrio judío, que saldrá más adelante).
Así, la foto 1 muestra las dos coloridas fachadas de sendas casas restauradas, en pleno contraste con el aspecto más buen mortecino, muy gris, de sus vecinas de la época, que no se ven... La foto 2 muestra la placa que señala (“Alojamiento Gefe”) que Ca Vives (s. XVIII) entraba a formar parte de la -impuesta- red de alojamientos preparada para acoger a miembros de las milicias en su paso por la ciudad. Una cosa habitual en el siglo XIX, como se puede observar también, por ejemplo, en el barrio de Vic cercano a la catedral o en Calaceite. Las fotos 3 y 4 muestran el portal y un trozo de la fachada de la misma Ca Vives, mientras que la foto 5 lo hace con el portal, éste no tan restaurado, de una casa vecina de la misma calle, de origen medieval, pero en el siglo XVIII repleta de casas nobles.
Por todo el recorrido aparecerán, como avisé, lazos amarillos, banderas catalanas estrelladas con diferentes colores y pancartas reivindicativas varias, siempre en una misma dirección. No las he querido evitar: son una constante actual por toda la Cataluña interior. Si en Barcelona son muy visibles, sobre todo, en edificios oficiales, me ha sorprendido que en Valls éstos aparezcan con sus fachadas desnudas, mientras los edificios que los rodean y diversas casas -sobre todo las más reformadas- los luzcan profusamente.
(Seguirá)





 

Rothesay (Isla de Bute)