Venga, otras fotos de un establecimiento de Buenos Aires, éste en plena Avenida Corrientes (ahora desventrada, reformándose, pero mientras tanto invivible). Es la cafetería “El gato negro”.
miércoles, 28 de noviembre de 2018
martes, 27 de noviembre de 2018
Playas de estacionamiento de Buenos Aires
Una de las cosas que me deslumbraron de Buenos Aires -no hay que reírse- fueron sus “playas de estacionamiento”, es decir los enclaves de la ciudad, aprovechando un solar o los bajos de un edificio, que ofrecen plazas de aparcamiento por horas para automóviles.
Todas suelen ser muy curiosas, diferentes de las que pueden encontrarse por Manhattan por varios motivos, no siendo menor el de su austera, pero cuidada decoración. Colgaré por aquí alguna foto para que se me entienda, porque yo también, siguiendo el impulso de mi hija Mar, a la que le gustan un montón los vacíos entre casas producidos por el derribo de un edificio y cosas así, me puse a hacerles fotos a la que veía alguna destacable.
Pero así puestas las cosas, de las playas de aparcamiento a las plantas y edificios para aparcar coches hay poco trecho, con lo que también desvié la mirada -y la cámara- hacia algún que otro garaje. Es el caso de esta foto, que me gusta mucho, hecha con una cierta paciencia, esperando que por delante del motivo pasase esta chica que, además de dar vida a la imagen, redondeaba la composición.
lunes, 26 de noviembre de 2018
Placas ilustras habitantes en Madrid
No hay vuelta de hoja. Vayas por donde vayas, mires por dónde mires (y hemos ido y mirado poco), Madrid demuestra mil veces más que Barcelona ser celosa de sus gentes. Por todos lados te topas con placas que con mayor o menor gusto, en plan pomposo o sencillo, señalan ese “Aquí, nació, vivió o murió en tal época Fulanito de Tal”.
sábado, 24 de noviembre de 2018
En Madrid, el Prado
Por suerte, el grupo de orientales que había reservado entrada para las 10h se desviaron hacia la permanente.
Un paso rápido por Madrid da para ver tres o cuatro exposiciones de interés y esta semana se estrenaba una que, vista a primera hora de un dia previo a la cosa esa el black friday (que alteraba hasta a la marcha de las cosas de El Prado) resultó una delicia. Salas aún sin gente, recorrido muy bien trazado por una explicación cabal de lo que han representado sus doscientos años de historia. Esa fue nuestra experiencia con “Museo del Prado 1819-2019”.
Sólo un pequeño porcentaje de las obras expuestas no son del propio museo. Algunas han sido escogidas como miradas del mismo Prado hacia sí mismo (como un cuadro de Eugenio Álvarez Dumont que ahora no encuentro por internet y que muestra el Interior de la sala de pintura del siglo XX). Otras dan cuenta de la España del momento, haciéndote viajar por el tiempo. En varias salas unas cuantas obras te hacen ver cómo las pinturas del museo inspiraron a otros pintores o, directamente, sirvieron para ser copiadas y aprender a pintar con ellas. En ocasiones tiempos revueltos, como los de la II República y la guerra civil, obligan a convertir las salas correspondientes en miradas documentadas sobre la rareza del periodo (las Misiones Pedagógicas, visitas en época de guerra,...). Los apartados de la exposición, normalmente separados por épocas, dan cuenta siempre de las donaciones de obra al museo durante el periodo. Por todos lados, obras maestras (que luego tampoco se echan demasiado en falta en la colección permanente, de lo rica que es) van puntuando el recorrido.
Me temo que se llenará de forma que la visita no será tan placentera, pero si pueden escogerse circunstancias parecidas, yo recomiendo no perdérsela.
Los estragos de la desamortización según el “Ayer y hoy” de Cecilio Pizarro.
Una de las donaciones efectuadas a El Prado contenía este Van der Weyden: La Virgen con el Niño (1435).
El aguafuerte “El Cabileño muerto” (1867), de Fortuny, que lo más seguro entusiasma a Vicenç Furió...
En 1973 Motherwell se basó en el cuadro del perro semi-enterrado de Goya para hacer este cuadro.
Hacerse una idea de la época: Díptico con 42 vistas monumentales de ciudades españolas, de Jenaro Pérez Villamil.
Obras maestras como éste Cristo de Velázquez se dejan caer por las salas de la exposición.
Foto aparecida en La Razón (a los no periodistas no nos dejan hacer fotos): La maja desnuda de Picasso a partir de la De Goya. Por ahí andan también las aproximaciones del Equipo Crónica a Velázquez.
El Cristo Moribundo de Antonio de Messina.
Pasaje Güemes (Buenos Aires)
La semana pasada por aquí criticaron el Pasaje Güemes y me extrañó, porque es verdad que lo han restaurado a fondo, pero la impresión que te llevas al entrar en él -por su estructura y por su uso- es grande. Frente a otros pasajes de Buenos Aires, y hasta de la misma calle Florida, que si resisten han banalizado extraordinariamente su contenido, éste contiene aún más que suficiente, en mi opinión, para, recorriéndolo, pescar bastante de la magia que debieron sentir, haciéndolo, sus primeros transeúntes.
miércoles, 21 de noviembre de 2018
San Telmo (Buenos Aires)
Desde un paseo hecho por San Telmo a nuestra llegada a Buenos Aires tengo en la tableta esta foto. Desde entonces se la quiero enviar a Victoria Bermejo con uno de esos pies con las que las suele bordar. Pero no hay manera. Me quedo de lo más seco, sin que salgan ni las frases -ni tan siquiera las palabras- adecuadas.
martes, 20 de noviembre de 2018
Feria de San Telmo (Buenos Aires)
Feria de San Telmo, un domingo, hace ya más de tres semanas, recién llegados a Buenos Aires. Las paradas que llenan la calle Defensa, bajando desde la Plaza de Mayo hasta la plaza Dorrego, no es que valgan mucho, pero es lo que toca hacer un domingo y la verdad es que el barrio se ve muy diferente otro día de la semana. Las casas que se ven en la foto -“torres”, las llamamos por aquí- son las que podrían ser, ¿por qué no? de ciertas zonas del barrio de Gracia, en Barcelona.
lunes, 19 de noviembre de 2018
Pasaje Roverano (Buenos Aires)
Con todo eso de la extraña numeración que se emplea en la ciudad y la poco precisa ubicación en Google Maps, me costó un poco dar con el Pasaje Roverano, pero vaya si vale la pena no perdérselo. Si yo fuera alguien en el Ente Autónomo de Buenos Aires, ya estaría negociando una subvención con los propietarios a cambio de mantener usos y, así, preservar su esencia.
La parte central estaba custodiada por un severo conserje, que nos echaba unas miradas que inhibían. Procuré hacer las fotos de manera más o menos clandestina, porque ya sabemos cómo las gastan este tipo de personas con tal de hacer notar su autoridad. Pues bien: cuando salíamos, viéndome libre de vigilancia, me puse a hacer cómodamente fotos de la barbería. De repente, entre foto y foto, oigo un vozarrón:
- Buena peluquería, ¿eh? En ella se cortaba el cabello el Papa.
Y claro, nos pusimos a charlar un buen rato. Tanto que mis acompañantes ya estaban casi en el Café Tortoni. En vez de esa adusta personalidad represora que visten por aquí los porteros, él me animaba a hacer las fotos, remarcando lo original del espacio. Aunque ahora he visto que lo explica la Wikipedia, fue él quien me habló de esa singularidad de la galería: Es el único edificio privado que tiene conexión con el Subte. Su sórdido -hoy ya da un poco de miedo- subterráneo- comunica con una estación de metro, casi desde su origen. Creía, viendo el aspecto, que era cosa del pasado, pero me aseguró que no, que seguía funcionando.
- Vaya y pruébelo usted mismo.
Pero la familia esperaba y ya debía estar intranquilizándose...
El local con más vida, más actualizado.
La barbería “del Papa”.
El directorio de empresas del edificio.
Un locutorio de Telefónica ya cerrado.
El algo siniestro subterráneo que comunica con el metro.
sábado, 17 de noviembre de 2018
London City (Buenos Aires)
Las guías dicen que en el “London City” Cortázar escribió “Los Premios”. No sé entonces, pero ahora es un café elegante, dando categoría a esa zona de la Avenida de Mayo, que ya la tiene por la rotunda solidez de todos sus edificios.
La mesa del rincón que da a la Avenida la han ocupado por una figura de Julio Cortázar de cuerpo entero, fumando ostentosamente, pero es notoriamente anacrónica (“Los premios” se publicó en 1960 y entonces él no iba a ofrecer su estampa última, más conocida) además de que me pareció muy fea, por lo que no cuelgo entonces la correspondiente foto.
Para hacer notar la diferencia con Barcelona: de paseo por la Avenida de Mayo, entré, claro, a curiosear. En seguida tuve un camarero, de riguroso uniforme blanco y negro, con sonrisa en la boca, atendiéndome. Pero me dejó curiosear a gusto sin consumir y hacer las fotos que quisiera. Al volver a Buenos Aires, antes del regreso, nos premiamos con un desayuno ahí y pude acabar el reportaje. Atrás de nuestra mesa, eso sí, tuvimos a una señora, es verdad que camarera uniformada como los demás, pegada a medio metro nuestro, de una forma que me pareció algo excesiva.
viernes, 16 de noviembre de 2018
Buenos Aires
Ya de regreso, al consultar Google te da una bofetada: “Cerrado permanentemente”. Es verdad. También en Buenos Aires se cierran locales paradigmáticos. Éste no lo tenía apuntado entre las cosas para ver y dimos con él por casualidad, paseando un domingo por San Telmo en busca de otras cosas. En otros casos, como el de la Confitería Ideal, que aparece en todas las guías, vas expresamente y te encuentras la persiana bajada y un letrero nefasto o bien -también nos pasó buscando una de las viviendas de Borges- resulta que un nuevo edificio ha sustituido al buscado.
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