sábado, 30 de julio de 2022

Sant Ildefons de Cornellà

Junto a las vías del tren, toda una zona verde relativamente reciente.

¿Se pueden revertir los desastres del desarrollismo en el cinturón de Barcelona? Desde la llegada de los ayuntamientos democráticos, con mayor o menor fortuna, unos cuantos municipios lo han intentado.
Recuerdo que el último curso de carrera me inscribí en una cuatrimestral optativa, “Urbanismo”, que fue de lo que más me interesó de toda mi estancia por ahí. Pues bien: el profesor, uno de los realmente de mérito que tuvimos, nos hacía ver el caso del polígono de San Ildefonso de Cornellá como modelo de todo lo que se debía evitar en planificación urbana: mala integración exterior, constitución de un ghetto, pobre compensación de alturas con espacios entre bloques, falta de zonas comunitarias, inexistente posibilidad de circulación interna (si entrabas por ahí sin conocerlo, subías con el coche una pequeña colina como en espiral, encontrándote en sucesivos cul de sac), etc.
En el paseo que nos dieron para que conociéramos Cornellá, no podía faltar ese ahora barrio, por fin integrado ya por completo con el pueblo. De hecho, la reciente realización de Marta Perris y José Toral (de la que hice por aquí una entrada) es uno de los elementos que han logrado limar ese engranaje.
Hay cosas (volumetría de los edificios y distribución de las calles entre ellos) que no pueden revertirse sin cirugía dolorosa, pero vimos que todo lo demás (piezas de engarce, restauración de las diferentes piezas, colocación de ascensores en los bloques que carecían de ellos, eliminación o suavización de cortes entre los diferentes elementos, cuidado de los elementos comunitarios -bancos, papeleras- añadidos, introducción equipamientos), estaba ahora trabajado.
Iba a decir que en todo Cornellá, en contraste de su vecina Barcelona, además de papeleras, bancos y demás en perfecto estado de revista, no vimos ni una pintada de las que invaden a su vecina Barcelona cuando, al observar y escoger las fotografías a colgar, me he encontrado con una a media altura en la que un tal Rdas y otro tal Nimek han dejado sus respectivas meaditas, pero hay que creerme: son la excepción.

Volúmenes que no deben ser de las piezas originales, pero marcan la integración en el entorno, con una plaza y un paseo con vistas.

El paseo con tablones de madera que permite aprovechar comunitariamente las vistas.al fondo, la torre que, con ese objetivo de las vistas, hizo el propietario previo de los terrenos.


Llegando aquí ya me disponía a captar el irremediable desastre. Edificios altos al borde de calles estrechas, sin salida.


Pero han arbolado aceras

Y, en torres similares a estas, puesto ascensores exteriores.

Es verdad que, por mucho que se intente adornar, la cosa tiene mal remedio.

El antiguo cine del barrio.

Calles “pacificadas”.

Véase las escaleras y rampas para vencer el desnivel.

La cabina -¡en funcionamiento!- marcando un punto central de servicio.

Muy cerca, un gran edificio de servicios, entre los cuales una enorme biblioteca.
 

viernes, 29 de julio de 2022

Stadtpalais de Stuttgart

En mayo, en el Stadtpalais de Stuttgart, una serie de exposiciones se centraban en la ciudad en los años 20 (del siglo pasado: nunca creí que llegaría a tener que precisarlo).
Toda una planta presentaba reproducciones de locales (una tienda, una oficina, un bar de hotel, unas mesas de fábrica manufacturera -Bosch-,…) y sus objetos.
Estilo art-decò, aromas de una época de una potencia impresionante.












 

jueves, 28 de julio de 2022

Ribes de Fresser


Es meterse en la boca del lobo, pero voy allá. Me ha extrañado la constancia, la perseverancia y la convivencia de ambas exhibiciones.
En Ribes de Freser se preservan, por un lado, unas cuantas placas cerámicas, idénticamente ornamentadas y pulcras, cada una de ellas con una admonición en forma de refrán. Vi dos, pero echa la pinta de que deben haber más.
Por otro lado, siendo una localidad donde confluyen nada menos que tres ríos, disponen de unos cuantos puentes. Por lo menos en dos de ellos de los más transitados, es verdad que hechos a conciencia, de un material que permitía resistir las adversidades del tiempo, se exhiben unos lacitos amarillos.
En ambas manifestaciones falta cualquier nota contextualizadora, pero uno se la elabora rápidamente. Campaña cívica, asociada a la moral y religiosidad de una época, la primera. Como pasó una guerra civil por el medio, descarto que pudieran estar ahí antes, achacándolas a las formas asociadas a la moral de la época del franquismo. Campaña con resultados omnipresentes hasta hace bien poco la segunda, de la que se hizo eco notorio TV3 y otros medios, en proclama a favor de la libertad de los presos del procés.
Pero me choca su coexistencia y me pregunto sus razones. Me lloverán chuzos de punta con sólo escribir alguna de las alternativas que se me pasan por la cabeza: desidia, tolerancia, misma idea de fondo elaboradora.




 

lunes, 25 de julio de 2022

El cremallera de Nuria



Para registrar en el billete el recorrido elegido

Para la comunicación móvil.

Aún se utiliza para bodas y visitas de gente ilustre a Nuria.

El engranaje de la cadena, que permite superar con seguridad pendientes del 15%


El tren actual. Como todos los de FGC actualmente, fabricados por la empresa suiza Standard.
 

domingo, 24 de julio de 2022

Recorrido sentimental con la Regional 3

Junto a la Asland, habiendo reaccionado tarde.

Entiendo la apatía y hasta el fastidio con el que deben abordar sus viajeros habituales la línea R3, un tren que une L’Hospitalet de Llobregat con La Tour de Carol, al otro lado de la frontera francesa, y que he utilizado esta mañana entre la estación de Sants y Ribes de Freser.
Ellos deben estar hasta las narices de retrasos, esperas en estaciones perdidas ocasionadas por la vía única, chirridos del tren al circular por unas vías que llevan décadas ahí sin mejoras, etc. Pero a mí el trayecto, que había hecho un montón de veces por carretera, pero nunca en tren, me ha traído cantidad de recuerdos y me ha parecido, por lo de la novedad, la nueva perspectiva, fascinante.
He efectuado la travesía subterránea de Barcelona leyendo. Y así iba a continuar cuando he alzado la vista desde el librito que llevaba y me he encontrado con los modernos andenes de una estación, La Torre del Baró, que me han resultado más propios de Chicago que de Barcelona.
Luego, viendo unas vías paralelas oxidadas y cubiertas por la hierba y rodeadas de las instalaciones de la Asland, he dejado el libro y me he puesto a mirar. Debo advertir, eso sí, que las fotos que he colgado son de las que no merecen haberse hecho. La disculpa podría venir de saber lo difícil que es sacar buenas fotos con una tableta, detrás del vidrio del vagón, probando a ver si se apartan las cañas y demás vegetación para dejar ver el motivo que has divisado inesperadamente. Pero con el tren en marcha, que está parado tiempo en unas cuantas estaciones, va despacio por ciertos tramos que se caen de viejo (pero sin margen para las vistas) y corriendo de lo lindo por otros, la cosa se hace bien difícil. Las mejores fotos eran las que he visto y no me ha dado tiempo de sacar la tableta para hacerlas, porque ya habían desaparecido.
Anchas rieras, naves industriales por Montmeló. Granollers se cruza por su parte más cercana a la montaña. Naves industriales en un lado, caminos y alguna casa suelta en el otro. Conocido por visitado, a pie, hace no mucho. La estación de Granollers-Canovelles acumula gente, pero son los mismos pasajeros del tren, que esperan se vaya éste para cruzar las vías con precaución, como avisa una vez sí y otra vez también el altavoz antes de la parada.
Tras otra zona de naves industriales (unas de por Les Franqueses se utilizan ahora para un Tiro al Blanco o como Centros de Formación), una serie de edificios grandilocuentes, que no dan tiempo para ser fotografiados, avisan de la llegada a La Garriga. Poco después entramos en el estrecho valle de El Congost. Así, con eses descriptivo nombre, se llama el río que corre junto a las vías del tren, que nos llevan del rojo ferruginoso inicial hasta el gris azulado de las margas eocénicas de su final.
Si El Figaró y Ayguafreda han debido perder toda relevancia, porque ni siquiera ha habido en ellas parada, estaba claro que tampoco la iba a tener el apeadero de Balenyà o menos aún el de Seva-Tona. No ha habido forma de que me acordara de cómo se llamaba el que conducía el coche que llevaba a los eventuales pasajeros desde el apeadero hasta Tona. Nunca lo utilicé, pero lo tenía bien presente. Era toda una institución. Sí hay parada, previamente, en Centelles, que siempre ha estado, no sé por qué, cerca de algún poder.
Pasado Centelles, consigo dar con el Picacho, desde donde se lanzaban los primeros que utilizaron parapentes y, un poco más allá, consigo ver, a lo lejos, el Castell de Tona, que no es tal castillo, aunque diera nombre hasta a unas gaseosas, sino la silueta de una pequeña ermita románica…restaurada por el pintor Felip Vall (quien llegó a residir en un supuestamente bohemio Paris), en un estilo románico inédito, nunca visto en ningún lado.
Se abre el paisaje por la Plana de Vic y, viendo alguna de sus colinas (que, de hecho, no son colinas, sino terreno resistente en medio de la zona sedimentaria erosionada), pienso en la cantidad de víboras y escorpiones que deben estar campando a sus anchas con este sol. Pasado Tona, pero no todo su término municipal, creo ver la magnífica Torre Llebreta, donde residía una familia terrateniente de manual, y que tenía la mayor colección de mariposas de la península. Ahí empezó a rodar alguna cosa en Súper 8 José Luis Guerin. Saco la tableta, apunto…y un árbol me oculta la magnífica casa y sus terrenos definitivamente.
Llegamos a Vic, con una estación ahora soterrada que me recuerda a la del AVE de Zaragoza. Luego campos de trigo ya segado, calcinados por el sol. No acabo de distinguir, más adelante, de qué tipo son esos roedores que huyen espantados del tren: ¿ardillas, topos, liebres?
Son ya las 10h, y el calor ya va desdibujando, apagando, los colores, haciendo plomizo el paisaje. Un letrero junto a una estelada anuncia la llegada a Torelló (donde tengo un amigo antiindependentista que está que trina).
Lo que me creía que era la fábrica de Roda de Ter donde trabajó casi toda su vida el poeta Martí i Pol era en realidad una fábrica situada en la retaguardia de la estación de Manlleu.
Más al norte no hacemos sino seguir el hilo del Ter, marcado por las antiguas fábricas que conseguían la energía de sus aguas y sus correspondientes colonias textiles, pero apenas si puedo fotografiar alguna.
No logro obtener ninguna foto significativa de Sant Quirze de Basora. ¡Qué cantidad de recuerdos de Casa Candida!
Ripoll aparece al fin como un gran centro ferroviario, con desproporcionada estación, ahora toda tapiada. El tren entra en aquel misterioso túnel por el que se veía desaparecer desde la carretera, a la entrada del pueblo del monasterio.
En Capdevanol, donde estaba el último hospital de los que administraba durante la guerra civil mi abuelo (en un edificio que aún no he comprobado, porque nunca he ido), se bajan varios excursionistas, que hoy se deshidratarán por la montaña.
Ribes se anuncia con instalaciones de sus aguas y por fin llegamos a la estación del pueblo, vecina a la del Cremallera.
Un termómetro, a la sombra, marca 28 grados, pero al bajar, esperándomela lo peor, siento un inmenso placer al no encontrar la asquerosa humedad de Barcelona.
Pero lo de Ribes de Freser ya formará parte de otra (u otras) entradas.


Granollers Canovelles

Ídem, con gente esperando que se vaya el tren, para cruzar las vías.




Llegando a La Garriga



A punto de entrar en el valle del Congost.


Al fondo, a la izquierda, el Picacho. Por poco pesco la ermita de Nostra Sra. de la Salut.

Detrás del poste eléctrico, fijándose bien, el Turó del Castell de Tona.

Detrás de los árboles ocultadores, Torre Llebreta.




La Plana de Vic


Y la estación de Vic, capitaleando.

Desde la estación de Manlleu.





Llegando a Ripoll


Ripoll







 

Rothesay (Isla de Bute)