jueves, 28 de abril de 2022

Santa Maria de Cornellà

El conjunto define el punto más representativo de la plaza central de Cornellà. De hecho, el resto de edificios que dan a la plaza son más bien anodinos, del montón. Los veteranos jardincillos delanteros disimulan su envergadura.


La iglesia de la foto es la de Santa Maria de Cornellà. Sustituyó en la postguerra a la iglesia medieval que había en el mismo emplazamiento.
Al respecto una información curiosa sobre los prejuicios actuales nos dio mi amigo nacido en el lugar: el templo medieval lo quemaron tras la rebelión militar de julio del 36 unos descontrolados que, como reacción, dispuestos a hacer la revolución, le hicieron pagar en primer lugar a esta y a otras iglesias del país el asunto. Lo más curioso es que por ahí una nota, supongo que incapaz a de cargar políticamente la acusación de destruirla a sus efectivos autores, para apuntar al enemigo adecuado, pone que “la iglesia medieval fue derribada en la postguerra”. Es literalmente correcto. Debieron quedar unas ruinas de ella y las derribaron… para construir la sólida mole actual.
Por lo demás, las fotografías ya creo indican sin matices que no cometo ninguna exageración al hablar de ella como “mole”.


Rodeándola se comprueba fácilmente el calificativo de mole.

A la derecha, los jardincillos de la primera foto. Esta segunda plaza, unida pues a la interior, marca su carácter de centro simbólico de Cornaloà. Al margen de la autoridad que emana del centro religioso, tenemos aquí, ampliada la significación de sede de la autoridad, el centro del poder político y administrativo. El edificio de la izquierda es el Ayuntamiento.

Otra perspectiva de la plaza anterior, que mantiene oculto a la izquierda el edificio del Ayuntamiento, aunque el edificio de la derecha, una antigua masía muy reformada, siga siendo del Ayuntamiento. La calle presidida por la parroquia se ve que había sido una de las de mayor tráfico de Cornellà, ahora pacificado.

 

miércoles, 27 de abril de 2022

Cornellà


Un año, en los primeros 70, mientras estudiaba en la Escuela de Ingenieros, me puse por mi cuenta a hacer por las mañanas unas prácticas (pagadas) en una fábrica. La fábrica estaba en Cornellá. Por suerte pude contar con el Seat 600 de mi madre, porque si hubiese tenido que ir con el triste autobús de color verde que constituía el grueso del transporte público “eficaz” existente con la población, la cosa habría sido bastante penosa.
Hoy en día al núcleo central de comunicaciones de Cornellá llegan la Renfe (en un servicio de cercanías que, pese a todo, le da cien vueltas a lo que había entonces), la línea 5 del metro de Barcelona y el tranvía del Trambaix. A diez minutos llega el Carrilet de los FGC, soterrado en su paso por la población, y todo el bastante pequeño término municipal (pese a sus aproximadamente 85.000 habitantes son únicamente unos 7 Km2, que pueden recorrerse, pues, a pie sin problemas) está recorrido por varias líneas de autobuses metropolitanos.
Ese nudo de comunicaciones fue el elegido para el inicio de nuestra visita a Cornellá, a la que llegamos en tren, y asomarse al balcón vecino a la plaza de la estación fue la primera actividad del día.
Como puede verse en la foto, la rotonda (una de las que ahora puntean la Carretera de Esplugues: habría que ver cómo estaba acabada entonces) está cruzada por las vías del Trambaix, que llevan a Sant Joan Despí o Barcelona.
La chimenea del centro de la imagen marca el emplazamiento de las antiguas instalaciones de recogida del agua sacada del cercano río Llobregat y envío a la ciudad de Barcelona.
A la derecha puede verse uno de esos horribles centros comerciales que se cargaron la prosperidad de los cines y comercios del centro, mientras que a la izquierda todas esas casas de pisos, que deben ser de por 1990, sustituyen a edificios de planta y piso, más propios de la población previa (a principios del s.XX unos 2.000h, en 1950 unos 11.000h, en 1975 unos 90.000, estabilizados o incluso en pequeño descenso luego).
El resto de fotos, conseguidas entreteniéndome con perspectivas diferentes de la estación de tren, muy integrada y de forma funcional como medio de comunicación.





 

Terraza del Instituto del Mundo Árabe


Desde el terrado del Instituto del Mundo Árabe, la habitual vista de la Île Saint-Louis y de la Île de la Cité. Un extraño, no obstante, llama la atención hacia Nôtre Dame, que aparece como desventrada: aún la herida viva del incendio de su cubierta.


 

domingo, 24 de abril de 2022

Sabadell

Mientras el origen del actual Sabadell es plenamente industrial, el de su barrio de la Creu Alta, aunque luego tuviera también fábricas, fue en cambio agrícola.
Estos paneles de lona situados al lado de la plaza que sostiene la cruz más reciente que da nombre al barrio, colocados ahí para celebrar sus 250 años, hablan precisamente de su origen.
Es curioso saber que el Monasterio (viajero) de Jonqueres de Barcelona (que estaba situado aproximadamente donde la antigua sede central de La Caixa, entre Vía Laietana y la calle que tomó su nombre) procedía precisamente de ahí.
¿Y el nombre de Jonqueres? Porque cuando surgió al norte del actual Sabadell lo hizo en un emplazamiento repleto de juncos.







 

domingo, 17 de abril de 2022

Vittoriale


El Vittoriale, a orillas del lago Garda, es como es, grandilocuente a tope. Se visitan los jardines y la casa de Grabriele D’Annunzio, que desprende un fuerte efecto escenográfico, pero también hay por ahí unas terrazas y belvederes que no conviene despreciar.



Y dentro de la casa...


 

miércoles, 13 de abril de 2022

El gusto artístico de L'Escala

No debería hacerles caso, pasar de ellas, como si no existieran, pero es que es casi imposible. Las han plantado en medio, en dos sitios de paso de los más atractivos de L’Escala: el paseo marítimo y el que va de La Punta al Port d’en Perris.
La primera y desde mi punto de vista la más desgraciada es esa “Dona pescadora”, título engañoso, porque se entiende que el que es pescador es su marido y ella echa unas miradas temerosas al mar, porque hay tramontana y ves a saber si regresará.
La segunda es el homenaje a la cobla.
Aprovechando las obras de remodelación que dibujó Carles Ferrater (aunque quizás fue un poco antes), desplazaron la cobla al paseo marítimo desde su primera ubicación, que era nada más y nada menos que en el puro centro del pueblo, en el port, la playa alrededor de la que se sitúan todos los cafés. Así, sentado en una terraza de uno de ellos, la obra te podía chafar la contemplación de lo mejor de L’Escala: sus vistas al Golfo de Rosas.
Pero Ferrater no tuvo en cambio el poder suficiente para sacarse de encima la escultura de la (falsa) mujer pescadora: cuando ya creía que nos habíamos librado de ella, ¡plaf! la volvieron a situar donde estaba, rompiendo estrepitosamente las líneas trazadas por el arquitecto para hacer de primer plano a la visión del Golfo de Rosas.
De pesadilla.


¿Alguien se ha fijado en que no cuadra nada? Parecen tres cachos de barro o de plastilina mal engarzados, ofreciendo una mujer deforme. Por el otro lado, como medio abogados entre las olas del mar/pliegues de su vestido, aparecen sus churumbeles. Me pongo de mal humor cada vez que paso por ahí.

La cobla. Imaginaos colocados en el sitio estratégico en que estaban. Tú querías ver El Cargol, la bahía, lo que fuera y te topabas con ella, rompiendo la visión. Ahora me hago cruces viendo como pasa alguien y hace fotos a su pareja delante de ella. En esta última ocasión tuve un escalofrío cuando comprendí que todos ellos -hechos, según dice mi hermana, de uno en uno, con lo que parecía que no se acababa nunca- están muertos y es una escultura de lo más fúnebre. De ahí mi desasosiego.

 

martes, 12 de abril de 2022

Sabadell


A estas alturas ya nadie se acordará que estaba explicando una salida de la Societat Catalana de Geografia a Sabadell. Pero sigo:
Cruzada la Gran Vía, hubo una corta parada delante de La Cooveta, un local de cooperativas en la que reside una operativa arquitectónica en la que trabaja Avellaneda, quien nos mostró el Metrominuto de la ciudad.
Esa del Metrominuto, por lo que entendí, es una iniciativa (seguida en varias ciudades) para evidenciar que las distancias a pie entre los diferentes puntos significativos de la ciudad no son en absoluto tan grandes como parece. El resultado, en forma de plano esquemático del metro es muy llamativo.



 

Place de Saint Georges


Cargado de prejuicios de todo tipo, todo lo que fuera alejarse del eje de los Campos Elíseos más allá de la Ópera de Garnier, lo consideraba territorio comanche y casi nunca figuraba en nuestros planes de visita de París. Craso error.
Lluís Pericó, en un comentario sobre la Plaza de Fursternberg tuvo la osadía de decir que no, que a él la plaza que realmente le gustaba de Paris era la de Saint Georges.
Algo ruborizado por no sólo no haberla pisado, sino por no saber de su existencia, pusimos la dirección en el navegador y ahí nos dirigimos. Centro de un barrio popular lleno de vida, con sus cafés, su pequeño teatro, un centro de arte, un parquecito… y a dos pasos la casa natal de Truffaut, habla de un París que ya parece difícil sobreviva, pero ahí está.
¡Qué ideas más absurdas que almacena uno a veces!





La calle de la placa.

Y la casa en cuestión.


Una plaza vecina, con vida de barrio.

Y vuelta a Saint George.



 

lunes, 11 de abril de 2022

La reine de Saba (París)

La Reine de Saba es un museo personal relativamente cercano al parque Buttes-Chaumont, en París. José-Marie Brel acumula en él cantidad de objetos y documentación sobre los países del extremo occidental de África y otros rivereños del Golfo Pérsico, como el Yemen.
Acudimos a la llamada de una exposición llamada “Trésors photographiques rétrouvés en Àfrique Occidental Italienne” (hasta el 19 de junio) porque una visita a Trípoli nos despertó las ganas de conocer más sobre la huella italiana por la zona, y sobre todo en cuanto a arquitectura.
Si las cosas funcionaran bien y no como lo hacen, un destino fantástico para este propósito sería visitar Asmara, la capital de Eritrea, repleta de una arquitectura esplendorosa de estilo art déco. Algo así, pero totalmente reventada y con figuras trágicas tapando y reclamando la atención, se ve en fotografías sobre un país sin leyes, como Somalia.
Las fotos de la exposición del Space Reine de Saba son, en realidad, una serie de negativos y álbumes con imágenes de gran interés más bien etnográfico. Pero, característica del sitio, mezcladas con artículos de revistas, objetos de la vida cotidiana del llegar y mil otras cosas.











 

miércoles, 6 de abril de 2022

Ullastret

El pueblo de Ullastret también conserva sus murallas. Unas enormes murallas que por un lado separan su centro medieval de la carretera y por otro de un arrabal… también medieval.
Un cartel indica que el ordenamiento de su espacio intra-murallas lo pensó el arquitecto Josep Lluís Mateo.



En la pequeña ronda de las murallas, toda la actividad del pueblo.


La puerta de acceso hacia la iglesia desde la lonja.

Acercándote al motivo.

Calle interior que sube hacia la iglesia.

Calle del barrio exterior a las murallas.

La iglesia.


 

lunes, 4 de abril de 2022

Ruinas de Ullastret

Las sorprendentes murallas del emplazamiento, con los pies de sus torres aún intactas.


Había ido por primera y última vez al yacimiento arqueológico de Ullastret en una excursión por la zona dirigida por Lluís Casassas, los años 70/80. Recuerdo de entonces únicamente unas cuantas ruinas (que a mí me parecían entonces inexorablemente iguales) y cómo, admirando todos la vista desde ahí, nos explicó que hacía poco vio que estaban como locos buscando la necrópolis ibérica y, señalándoles una colina cercana, les dijo que por ahí tendrían que buscar, puesto que siempre las situaban fuera y todo lo que rodeaba la zona había sido hasta hacía bien poco un lago, luego convenientemente desecado. Efectivamente, al poco tiempo apareció la noticia de su descubrimiento.
Y ha tenido que ser la visita y recomendación reciente de unos amigos de fuera la que nos llevase de nuevo a ensayarla: nos ha encantado. Contrariamente a lo que tenemos por costumbre, hemos utilizado unos audioguías que, en vez de la rimbombante explicación habitual, exaltando hechos y descubrimientos, te ofrecen una simulada entrevista al director del yacimiento, en lenguaje semi-coloquial pero no por ello menos esclarecedor, que te va dando buena cuenta de los principales detalles, situándolos todos en una narración muy provechosa sobre la época estudiada y los métodos de la arqueología.
Por si fuera poco, el Museo Arqueológico de Barcelona tiene ahí una pequeña sede, con no pocas y valiosas piezas (vasijas, sobre todo) expuestas, que me han deshecho por completo mi idea inicial sobre la pobreza material de los pueblos iberos.
Todas las fotografías son mías, salvo la del cráneo del pobre desgraciado con un clavo insertado, que es de la web caminandoporlahistoria.com, porque me olvidé de sacar ahí oportunamente la tableta. En cada pie de foto, una explicación de lo que recuerdo decía la audioguía al respecto.


La regata que surca cada flanco de la puerta de entrada al recinto, que los arqueólogos encontraron totalmente tapiada, deduciendo de ello una terrible historia sobre su fin.

Silos y pies de columnas, de dos épocas diferentes, en el recinto, que sirven en la audioguia para diferenciar los métodos de la arqueología actual de los de por la mitad del siglo XX.

Cisterna de agua, con parte de su cubrimiento y brocal aún distinguible.

Mirada hacia lo que fue el lago de Ullastret, hasta que fue desecado en el s. XIX. Esa superficie redonda rodeada de árboles resulta que era una isla, con uno de los núcleos de población. Por la pequeña colina con masa boscosa estaba la necrópolis.

Una de las cabezas -ahora ya solo cráneos- de los pobres enemigos del lugar que se colocaban en lugar público, clavadas con un largo clavo a una puerta o estaca. Será una tradición de nuestros antepasados, pero se me permitirá decir que eran unos bestias.

Restaurándolos en cuerpo y alma tras la visita. 

Rothesay (Isla de Bute)