El conjunto define el punto más representativo de la plaza central de Cornellà. De hecho, el resto de edificios que dan a la plaza son más bien anodinos, del montón. Los veteranos jardincillos delanteros disimulan su envergadura.
La iglesia de la foto es la de Santa Maria de Cornellà. Sustituyó en la postguerra a la iglesia medieval que había en el mismo emplazamiento.
Al respecto una información curiosa sobre los prejuicios actuales nos dio mi amigo nacido en el lugar: el templo medieval lo quemaron tras la rebelión militar de julio del 36 unos descontrolados que, como reacción, dispuestos a hacer la revolución, le hicieron pagar en primer lugar a esta y a otras iglesias del país el asunto. Lo más curioso es que por ahí una nota, supongo que incapaz a de cargar políticamente la acusación de destruirla a sus efectivos autores, para apuntar al enemigo adecuado, pone que “la iglesia medieval fue derribada en la postguerra”. Es literalmente correcto. Debieron quedar unas ruinas de ella y las derribaron… para construir la sólida mole actual.
Por lo demás, las fotografías ya creo indican sin matices que no cometo ninguna exageración al hablar de ella como “mole”.
Rodeándola se comprueba fácilmente el calificativo de mole.
A la derecha, los jardincillos de la primera foto. Esta segunda plaza, unida pues a la interior, marca su carácter de centro simbólico de Cornaloà. Al margen de la autoridad que emana del centro religioso, tenemos aquí, ampliada la significación de sede de la autoridad, el centro del poder político y administrativo. El edificio de la izquierda es el Ayuntamiento.
Otra perspectiva de la plaza anterior, que mantiene oculto a la izquierda el edificio del Ayuntamiento, aunque el edificio de la derecha, una antigua masía muy reformada, siga siendo del Ayuntamiento. La calle presidida por la parroquia se ve que había sido una de las de mayor tráfico de Cornellà, ahora pacificado.























































