sábado, 19 de agosto de 2017

Escudos familiares en la catedral de Girona

Son parte de los escudos familiares que aún se distinguen bien de entre los que cubren las sepulturas del suelo de la catedral de Girona, sobre todo de su claustro.
Es curioso pensar que la mayoría pasamos por encima suyo, ayudando a desgastarlos, sin pensar en lo que tienen abajo, anuncian y protegen. Pero si se han colocado precisamente ahí, en un sitio de paso, supongo que ya habrá sido con esa intención, indicándonos que lo nuestro se debe, en buena parte, a su existencia previa, en ese vertiginoso giro perpetuo (es de esperar) de la vida.










 

viernes, 18 de agosto de 2017

Monasterio de Humurului (Rumanía)


"Todo gente muy joven, turistas, buff..." Eso comentaba ayer una amiga médico calificando la parte de avalancha de heridos que había llegado a su hospital. Se hace difícil quitarse las imágenes que a uno le llegan a la cabeza (en ocasiones -¡ay!- con la ayuda de periodistas y gente deseosa de trasladar irreflexivamente, de forma rápida, el impacto, sin pensar en sus amigos y familiares) pero supongo que habrá que irlo haciendo. Yo he ido mirando fotos que tengo por la tableta, y no sé por qué, aunque posiblemente sea por la postura abatida del personaje de la izquierda, he llegado hasta esta desdibujada escena de una viñeta de esas pintada en el exterior de un monasterio rumano, en este caso el de Humurului.
 

(Me refería a los atentados de las Ramblas en Barcelona)

martes, 15 de agosto de 2017

Begur


La vista desde Begur de Sa Riera, la playa de Pals, las islas Medas y el Cap Norfeu. Lo más inquietante es cómo se va llenando de casas toda la zona montañosa inmediata.
 

Londres

Más fotos a borrar de la tableta. Unas de esas construcciones tan británicas, un Crescent, éste relativamente sencillo, con sus entradas a las que la repetición quita la pomposidad, sus rejas, sus espacios y patios subterráneos.




 

lunes, 14 de agosto de 2017

Monasterio de Neamt, en Rumanía

Unas fotos de la Iglesia principal del monasterio de Neamt, en Rumanía. Como no me enteré de que estaba prohibido hacer fotos en su interior, hice alguna en donde la fuerte oscuridad que reina en estos sitios no me lo impidió.

La iglesia principal, en medio del patio.

La campana para llamar a los monjes a las diferentes tareas.

Visión general de los diferentes cuerpos de que constan todas estas iglesias. En los dos primeros, las paredes están totalmente cubiertas de pinturas. En el último, la zona donde hace la ceremonia el celebrante, todas las reliquias e imágenes, con mucho elemento metálico.

Detalle de unas pinturas en un muro que separa dos zonas.

La virgen venerada.

Pinturas en el primer receptáculo.

Primer receptáculo. Luego entendimos que suele estar dedicado a los días del año, señalados normalmente por el santoral o celebraciones religiosas.

Muro intermedio.

La zona final. Esos dos hombres salen después de haber besado lo que parecían unas escrituras.

La especie de retablo final.

Perfil De la Iglesia principal.

A la derecha, la puerta de la otra iglesia del recinto.
 

domingo, 13 de agosto de 2017

Cambridge, Massachusetts

Más fotos antiguas. Éstas de junio del año pasado, con unos pocos detalles de aquí y de allá en Cambridge, Massachusetts. Está claro que uno fotografía aquello que más le sorprende o, en otro sentido, que más responde a lo que se espera ver en el sitio visitado.

Harvard Yard

adcliffe College

Minibiblioteca en el campus de la Harvard Business School.

Porche de una casa de Cambridge cercana al Riverside.

Y antiguos almacenes, ya cercanos a la zona del MIT. 

La Rochelle

La anodina fachada principal de la Catedral de LaRochelle. Uno diría que se olvidaron de ponerle un piso más. José Luis Guerin intentó insuflarle vida cogiéndola desde más atrás (donde hay algún árbol) y haciendo pasar a gente agradable por delante una y otra vez.


No es la catedral de La Rochelle uno de los elementos de la ciudad que uno recuerde tras la visita. La Rochelle es una hermosa ciudad, con la pega de estar ahora carcomida por esa plaga de la sobre-explotación turística, pero seguramente son otras las imágenes que a uno le queden asociadas y surgen al pensar en ella.
Por este motivo tiene más mérito su utilización por parte de José Luis Guerin cuando le encargaron un documental, específicamente, sobre esa catedral. Uno se imagina el proceso que le llevó a "Le Saphir de Saint-Louis" (2015). Visitas y más visitas, recorridos por todos los espacios de la iglesia, rodeándola una y otra vez por fuera. Concentración en su elemento más antiguo y vistoso, el campanario, que no pertenece a la propia catedral de Saint-Louis, sino a la preexistente catedral de Saint-Barthélémy, sobre las ruinas de la cual, tras su destrucción, se construyó. Luego, estudio de su historia, que lleva irremisiblemente a la historia de la ciudad. En esas visitas, en una capilla lateral, la de los marinos, da con un elemento que le llama la atención. Es un ex-voto, una pintura que presenta, sin gran virtuosismo, un milagro de Jesucristo, quien, invocado por los esclavos negros llevados a América en "Le Saphir", consigue que se reanude el viento, evitando así que perezcan todos sus ocupantes, que ya llevaban mucho tiempo encallados en medio del océano.
A partir de ahí uno se imagina también cómo debió navegar la cabeza del cineasta para, volando por el amplio espacio de la nave de la catedral, llevado a ella siguiendo el volumen de aire expulsado por el organista desde su instrumento, asociar la misma nave con una nave marítima, la de "Le Saphir", en un falso racord que el espectador debe recorrer en su mente, ayudado por el crujir del techo de madera de la catedral, que se convierte en el crujir del barco, lamentos en su desesperante paralización en medio del océano.
El análisis del ex-voto de "Le Saphir" y su historia llevaron a Guerin a profundizar en el comercio triangular, con el comercio de esclavos de África a América en uno de sus lados, deduciendo que, como en tantas ciudades marítimas, ese fue el principal elemento del enriquecimiento de La Rochelle.
No gustó, parece, esa obvia deducción a alguna de las autoridades regionales que presenciaron el estreno del documental en el Festival de La Rochelle, que pensaban que con esa exhibición de su real historia podía escaparse hacia otro lugar ese endiablado maná del abundantísimo turismo, con lo que nos quedamos sin más ejercicios de los que tenía pensados el cineasta para ir constituyendo como mínimo un tríptico -¿habría dado para una pieza dedicada a la isla de Re, también empapada de una historia de esas que duelen?- sobre la ciudad. Una lástima.
Sirva todo este largo texto como acompañamiento de las fotos -más que mediocres- que saqué recorriendo la catedral por fuera y por dentro, hace un par de años, rememorando los espacios del film. Así las puedo quitar de una vez de la tableta, haciendo espacio.

La enorme nave de la catedral, elemento indispensable para la buena sonoridad de su órgano.

La vidriera de la Capilla de los Marinos.

Tras los barrotes que cierran la Capilla de los Marinos, en una pared de la misma, los ex-votos. En primer término, abajo, "Le Saphir". Ya colgué por aquí la reproducción del cuadro que, sorprendentemente, encontré en un mostrador de "Caelum", en la calle de la Paja de Barcelona. No sé si sigue ahora aún allí.

El campanario de Saint Barthélémy.

De noche.

Al fondo, a la derecha, el campanario, como elemento de reclamo, al que se te va la vista.

El campanario de Saint Barthélémy es, desde luego, un icono insalvable si se pasea uno por El Barrio.
 

sábado, 5 de agosto de 2017

Museu de la Confitura de Torrent


El Museu de la Confitura de Torrent. Una buena idea, de las que ojalá hubiera al menos una así para cada pueblo. Vi a su responsable explicando cómo preparar una mermelada, o cómo utilizarla en un determinado plato, y en seguida se me vino a la cabeza, por su parecido, Rosa Regás. Al salir vi el nombre de la patrona: Georgina Regás.
 

Josep Coll (Llabià)

La plaza de la iglesia de Llabià. A la izquierda, o rodeando todo el edificio, se encuentra el cementerio.

Llabià tiene unos interesantes iglesia y caserío, unas hermosas vistas a los campos del antiguo Estany d'Ullastret, una granja con cabras, una buena casa rural y unas curiosas esculturas que invaden medio pueblo. Alguna cosa más, pero al menos estas tres últimas son de Josep Coll.
En otras visitas al pueblo hice fotos a esos hierros oxidados con forma de cactus, a esas tiras de forjado clavadas en la tierra que parecen juncos, o que presentan piedras como flores, a esas láminas metálicas que, expuestas al viento, producen extraños sonidos. Todos ellos colocados en la árida ladera de la colina del pueblo que da al sur, a veces ofreciendo un relieve más al contemplar la vista.
En la última ocasión en que estuve, un señor calvo, que salió de una masía cuando nosotros mirábamos lo que parecía ser el taller del escultor, nos preguntó si queríamos entrar. No era el taller, sino una especie de showroom, que se dice ahora, con buena parte de su obra expuesta. Dentro, Coll nos dejó ver y comentó complejas pero a la vez sencillas piezas que lograban, a modo de tentempié, un extraño equilibrio, jugando la relación de estirados hierros entre sí o entre la piedra y el hierro. También otras piezas que al moverse establecen juegos de sombras sobre la pared, y otras que provocan diálogos de transparencias con los cuadros de su hijo Francesc, muerto hace ya bastantes años.
Francesc está enterrado en el pequeño cementerio del recinto de la iglesia. La lápida de su sepultura está esculpida por su padre. Parece que, además, Josep Coll, aunque algo desencantado de la vida, sigue dedicándole toda su actividad.





La sepultura de Francesc.
 

viernes, 4 de agosto de 2017

Los Templarios (Colliure)


Prohibido desde hace años el paseo -y alguna que otra mojada por ola rebelde asegurada- entre las rocas que conducía hasta la playa del camping (al norte), con la puerta del bar modernista que era lo único abierto de madrugada pintarrajeado de escandalosos colores, y con la tranquilidad de alguno de sus posibles paseos impedido por la invasión constante de gente que parece no tener otro ánimo que comer y comprar, una de las pocas cosas que me sigue trayendo las sensaciones de cuando iba a Colliure de joven sigue siendo el café de Les Templiers.
Ya en la época sabías que tenía mucho de impostura, con esos cuadros de baja calidad media (y no digamos los de la escalera y los pasillos que llevaban a las habitaciones) forrando todas sus paredes, haciendo "como si" el tiempo de los pintores que pusieron de moda la localidad siguiera ahí. Pero formaba parte de su encanto tanto como las conversaciones en alguna de sus mesas tomando una cerveza, o los improperios -siempre en catalán: era el único sitio en el que se oía hablar y te hablaban en ese idioma- del patrón.
Cuando paso ahora, como hace un mes enseñando en plan relámpago el pueblo a unos amigos, apenas si asomo la cabeza, quizás hago una foto de la barra en forma de barca (que no sale como quería debido a la precipitación), y me dirijo hacia otro lado, posiblemente el cine o, mejor, la pared en la que se anunciaban sus programas.



 

Rothesay (Isla de Bute)