Vasconzelos dirigiendo autoritariamente el arduo trabajo de Oliveras en la plantación del drago.
Quien tenga previsto pasarse por la isla de Porto Santo próximamente, que sepa que tiene un pequeño encargo que cumplir. Le rogaría que en algún momento de su estancia dirigiera sus pasos al minúsculo parque que hay entre el centro monumental de Vila Baleira y el Cais de Porto Santo, ese muelle en forma de plataforma que se adentra en el mar y que, hasta la construcción del puerto fue el único medio de amarre para los barcos que llegaban a la isla.
Una vez en ese emplazamiento, se trataría de ver, en uno de los parterres verdes, la altura y estado en que se encuentra una cría de drago que fue plantada esta Semana Santa. Con un poco de suerte ya viene señalado con una pequeña placa y una inscripción que dice que si está ahí es para conmemorar la visita que hizo a la isla la Societat Catalana de Geografia y por ahí aparece el gracioso delfín noucentista que hace de logo de la Societat.
José Idalino Vasconzelos, Presidente de la Cámara Municipal de Porto Santo, un hombre de gestos y acciones a lo De Gaulle (y que me recordaba constantemente a quien tuve como jefe durante bastantes años de mi vida laboral), tuvo ahí una iniciativa con la que se ganó definitivamente el corazoncillo de los expedicionarios. Tras la última comida en la isla, en vez de regresar al hotel para poder disfrutar de una tarde libre, Ilidio Sousa, el muy agradable y eficiente director de la Asociación Insular de Geografia de Madeira, que nos condujo por los diferentes sitios durante todo el viaje, había recibido a los postres una llamada y nos dijo que nos iba a deparar una pequeña sorpresa.
Llegamos al parquecito y allí, como si se tratase del presidente de Estados Unidos en su rancho privado, pero escoltado de toda la fuerza pública del lugar, nos esperaba Vasconzalelos junto a una cuadrilla. Había hecho un hueco en su descanso (por ahí estaba su familia) para, con toda la parafernalia del mundo, plantar a cuatro manos con el sorprendido pero siempre dispuesto a todo presidente de la Societat Catalana de Geografia, Josep Oliveras, el drago en cuestión. Nunca he asistido a un acto protocolario, planteado con toda la grandeur del mundo, tan divertido.
Al día siguiente, la web municipal y la prensa local se hacía eco del acontecimiento, porque Vasconzalos no se había olvidado de llamar al fotógrafo.
Llega la aportación hídrica con la regadera en manos de Joao Garcia, catedrático de la Universidad de Oporto y organizador del viaje.
Parada final para el reportaje gráfico. Sousa, Oliveras, la fuerza armada local, Vasconzelos, otro personaje del que ahora no recuerdo su nombre y Joao Garcia.



















































