La ciudad de Valls recorrida en vuelo rasante una tarde de septiembre (2)
Una señora que me crucé mientras intentaba hacer una foto a unas cerámicas que mostraba la fachada de una tienda le dijo a su amiga en voz alta, para que yo también le oyera:
-Aquest senyor deu estar fent un informe sobre Valls...
-Ah! Ens hem creuat ja abans?
Y es que, realmente, aprovechando el tiempo del que disponía antes de la cita que me había llevado ahí, me recorrí lo más significativo del centro de Valls a mi aire, algo caóticamente, sin más plan preconcebido que profundizar en los barrios más antiguos y apartados, que no conocía.
Me parece que, para evitarme problemas en la selección, presentaré las fotos ‘en pequeñas diócesis”, siguiendo el orden en que las hice. Así, si alguien conoce la ciudad, podrá reconocer las vueltas arriba y abajo que llegué a hacer.
Siguiendo esa pauta, hoy les tocaría a un par de palacios de muy buena presencia que me encontré, resaltando frente a sus edificios vecinos, tras entrar directamente por la zona más antigua, pero quizás más necesitada de restauración (aunque esa quizás sea, pese a que ya se ha actuado ahí mucho, el barrio judío, que saldrá más adelante).
Así, la foto 1 muestra las dos coloridas fachadas de sendas casas restauradas, en pleno contraste con el aspecto más buen mortecino, muy gris, de sus vecinas de la época, que no se ven... La foto 2 muestra la placa que señala (“Alojamiento Gefe”) que Ca Vives (s. XVIII) entraba a formar parte de la -impuesta- red de alojamientos preparada para acoger a miembros de las milicias en su paso por la ciudad. Una cosa habitual en el siglo XIX, como se puede observar también, por ejemplo, en el barrio de Vic cercano a la catedral o en Calaceite. Las fotos 3 y 4 muestran el portal y un trozo de la fachada de la misma Ca Vives, mientras que la foto 5 lo hace con el portal, éste no tan restaurado, de una casa vecina de la misma calle, de origen medieval, pero en el siglo XVIII repleta de casas nobles.
Por todo el recorrido aparecerán, como avisé, lazos amarillos, banderas catalanas estrelladas con diferentes colores y pancartas reivindicativas varias, siempre en una misma dirección. No las he querido evitar: son una constante actual por toda la Cataluña interior. Si en Barcelona son muy visibles, sobre todo, en edificios oficiales, me ha sorprendido que en Valls éstos aparezcan con sus fachadas desnudas, mientras los edificios que los rodean y diversas casas -sobre todo las más reformadas- los luzcan profusamente.
(Seguirá)





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