martes, 22 de septiembre de 2020

Mirambel

El magnífico portal de las monjas agustinas, desde dentro del pueblo.

Me sabe mal, porque alguno hasta se ofenderá, pero me da la impresión de que en Mirambel la han cagao.
Sí, las celosías esas del Convento de las Agustinas, con toda esa colección de dibujos geométricos que dirías pertenecen a un pueblo del Magreb o etíope están muy bien y se nota que hay caserones señoriales y simplemente antiguos muy singulares, pero me temo que con todas sus restauraciones a cuestas ha entrado en un camino de no retorno.
Hablo de un camino que han emprendido cantidad de sitios del mundo entero. En su inicio aplaudes la iniciativa. No se debe dejar caer en la ruina más absoluta a un edificio notorio, a una calle muy significativa del lugar.
Luego ya empieza a ser más discutible todo. Un nuevo pavimento cubre sus calles. Alguien decidió que fuera de apariencia rústica, pero con todos los avances técnicos actuales y las ventajas -¡ay!- de la serialidad.
Más adelante ya se acaba de fastidiar todo. Con muy buena intención se intentan evitar barbaridades y para que las nuevas edificaciones o reformas que se hagan de los edificios antiguos no desentonen con el conjunto, se reglamentan absolutamente todos los detalles. Es así como se llega a aberraciones como las de la Cerdaña, donde todos los techos han de ser de pizarra, todas sus fachadas deben mostrar sus materiales de base, que no pueden ser sino piedra y madera, pero además de unas determinadas características. Prohibido bajo pena de excomunión recubrir las superficies con cal o mortero.
El resultado son unos pueblos que atraen a muchos visitantes, cámara en mano, ansiosos de alojarse en una casa rural con elementos lo más “auténticos” posible, de comprar en ellos algo típico en tiendas “ad hoc” que van apareciendo y emocionados por lo que ven sus ojos: calles y casas de piedra, de apariencia noble, sólida, ordenada.
Pero a todas éstas ya ha desaparecido consigo toda la posible vida que antes podría con muy poco intuirse a partir de unas piedras de una casa, un elemento de un patio, un letrero. El pueblo pasa a ser una industria extractiva (de turismo). Solo faltaría cobrar entrada y se redondearía por completo el aspecto de parque temático.
No es que tenga muy claro qué se puede hacer para evitar esta deriva, como también entiendo que la situación primitiva no era ninguna bicoca. En el pie de la última foto explico algo al respecto...

Pero girando la vista ves la calle principal, con ese pavimento tan regular, esas fachadas de piedra tan pulimentada, etc. Ante tanto orden impecable, ¿qué queréis que os diga? Lo que me resulta más atractivo es, casi, esa casa de fachada revocada de la izquierda, ahora a la venta, que hasta el m9mento se ha salvado de la reforma a la que obligarán a sus compradores, que la convertirá en un clon de las demás.

Todo el presupuesto público, destinado en la línea de actuación que critico.

A la entrada del pueblo estas regularidades del pavimento, estos bancos y jardineras ya me han hecho arrugar la nariz.

Una de las casas reformadas de la localidad, ahora vacía porque supongo que sus nuevos dueños han acabado sus vacaciones y han regresado a vivir a la ciudad. Por casualidad nos hemos encontrado a un señor que vive en Barcelona, a donde acudió en los 70 que nació en ella. Su vida ahi durante su infancia tampoco es que fuera muy zalamera. Dice que eran siete hijos y no tenían así ni para comer. Si hacían una tortilla de dos huevos, la repartían entre los siete, como gran banquete. Una vez jubilado, volvió a Mirambel, se hizo una casita en otro lado, tiene algún almendro y algo más que cuida y en invierno se vuelve para Barcelona.
 

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