Andábamos buscando un sitio tranquilo en Madrid donde descansar un poco y mirar la cartelera teatral mientras tomábamos un café, pero la zona por la que pasábamos no se prestaba realmente a ello. Entramos a la desesperada a La Mallorquina y nos topamos con toda su planta baja atiborrada de gente. Vemos la escalera y se me ocurre subirla por si había suerte.
Como habíamos ido a comer muy pronto, debimos entrar en una hora rara, del postre o así. Al poco rato empezó a llegar gente, se llenó, costó hasta pagar al camarero y por fin pudimos irnos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario