viernes, 7 de diciembre de 2018

Dirección General de Migraciones (Buenos Aires)

Un colegio de visita. Mi imaginación me llevó a la inspección de un grupo.

Aunque ciertos edificios emblemáticos, como el Correo Central, se ha convertido ahora en otra cosa (difícil de definir, pero ese ya es otro asunto), y acostumbrados a que por nuestros lares se derrumben o cambien los usos de ese tipo de edificios radicalmente, sorprende ver en Buenos Aires una cierta continuidad funcional. Así, cuando (tras superar, por un dantesco camino, el mar de obras que ocupa todo el terreno entre la plaza San Martín y el emplazamiento de nuestro objetivo) vimos la larga y ruidosa fila de gente que iba a arreglar sus papeles en la Dirección General de Migraciones, creímos volvernos a un siglo antes.
Éramos gente con suerte y no necesitábamos arreglar ningún papel como inmigrantes, por lo que, tras preguntar a un guardia, pudimos pasar directamente al recinto de lo que hace un siglo fue el Hotel de Inmigrantes, una especie de Isla Ellis porteña, por donde entraban todos los flujos migratorios.
Íbamos a ver una exposición sobre la inmigración italiana y española a la ciudad, pero resultó que no estaba abierta en el horario que fuimos, y volver a cruzar todo ese infierno nos hizo perdérnosla. Una lástima, me parece. Pero, ya situados allí, pudimos respirar un poco las sensaciones del sitio, que reenviaban a situaciones y escenas de todo ese tiempo atrás.
Cuelgo en el primer comentario el enlace a lo que explica la Wikipedia del lugar y unas cuántas fotos...

La enorme mole del Hotel de Inmigrantes.


Otros edificios cierran el patio. Al fondo, gente haciendo trámites. En primer plano, un Palo Borracho.

Fuera del recinto, la Armada hace este reclamo a desocupados en el edificio por donde desembarcaban los pasajeros cuyo barco había cruzado el Atlántico. Iban a ganarse la (otra) vida. Muchos lo consiguieron.
 

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