Bayona no tenía ningún prestigio. Su centro antiguo, sucio y descuidado, no gozaba de mucha fama, que digamos, y aún es el día que, cuando preguntas qué ver por esta zona de Francia, te desaconsejen perder tiempo visitándola y te impulsan a ir a otros sitios.
Ni qué decir que hoy en día ese consejo es un mayúsculo error. Dentro de pocos años ya habrá caído en la categoría de parque temático para turistas, pero su aislamiento le ha permitido mantener un conjunto muy equilibrado y de interés, y está ahora en su punto perfecto: el ayuntamiento ha ordenado los accesos, ajardinado alguna arteria principal, y se han restaurado la mayoría de las casas que constituyen la ciudad que estaba dentro de murallas. Tiene buenas librerías una calle llena de tiendas que venden chocolate (del de verdad) y otras que miran los turistas, pero aún no son de souvenirs.
Pero por ahora cuelgo fotos de la catedral y de su claustro, que estos si mantuvieron su nombre.






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