El encontronazo.
Fue llegar a las escaleras laterales que suben al Tsurugaroka Hachiman-gu (evidentemente he tenido que ir a ver por Google Maps como se llamaba y escribía esto), el popular santuario que preside toda la parte baja de Kamakura, y darse de bruces con este mozo de túnica amarilla, casquete cogido por plástico para envolver mercancía y alegre plumerín en ristre.
Y ya arriba, él acelerando el paso.
El santuario divisado desde su plataforma inferior. Al monje lo perdimos entre la gente que inundaba el edificio que se ve arriba de todo.
A un lado de esa plataforma inferior.
Un restaurante, al inicio de la plataforma inferior, rodeada de un estanque invadido por la vegetación. Al otro lado, la ciudad.





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