Se llena de turistas, como puede verse en las fotos. En las guías de Perugia aparece invariablemente la Pasticceria Sandri, del Corso Vannucci-la que fue siempre la calle de más prestigio de la ciudad- como uno de los establecimientos tradicionales más veteranos de Perugia.
Echamos una ojeada, sin consumir nada, ahuyentados por las malas notas cosechadas en los portales que reseñan estas cosas. El continente, en cualquier caso, y con él la presencia de lo que ahí venden, es muy atractivo. Supongo que las malas calificaciones le llegan de sus precios y la propia invasión de gente como yo, que entran a mirar, saturando el sitio y evitando el eventual bienestar que podría suministrar su uso.


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