Esta mañana, después de mucho tiempo, ha llovido, limpiando suelo y aire. Opción para subir hasta el cementerio de Cabrera de Mar, para ver si desde ahí las vistas son buenas.
Es la primera vez en la vida que el recinto estaba abierto, pero en comparación con el de otros pueblos, su interior decepciona, porque, muy cerrado sobre sí mismo, está compuesto casi exclusivamente de nichos.
En el pequeño cuadrado de terreno original sólo destacan el enorme mausoleo con el que te encuentras de frente al entrar (de la familia Sala, supongo que la del economista ese de americanas, camisas y corbatas de colorainas) y los dos viejos, casi deshechos, de los dos ángulos, uno de ellos de la familia Ordeix, que me han informado era la de la fábrica de hilados de la localidad, que daba empleo a casi toda la población.
Bajando hacia el pueblo, ya de regreso, fortunas que han escogido la tranquilidad del barrio, con el inconveniente de tener que usar el coche para todo si quieren salir de su agujero. Más abajo, la zona de cabrera en la que está creciendo ahora Cabrera de Mar, a base de casas de pisos. Terrenos desgajados de lo que fue en tiempos una única propiedad.









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