¿Qué más vimos por el barrio de Ota, en Tokio, para que pasara a engrosar la relación de espacios de esta ciudad que nos resultaron más agradables?
Pues poca cosa, en realidad: un tren local, con su correspondiente paso a nivel (a tomar nota…), otro templo más grande, protegido por un perro, un cruce de calles que no se si atreverme a llamar zona infantil y calles y casas de tamaño mas bien humano.





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