Un santuario como Kasuga, en Nara, lo visitan no sólo turistas descreídos como nosotros, sino también muchos para los que colma su religiosidad. Una religiosidad que se apoya en un ritual lleno de gestos repetitivos, muy marcados.
Una familia, buscando las monedas que deben ofrecerse para acompañar el rezo y peticiones. A la izquierda, al fondo, puede verse el monje rastrillando.
Las oraciones de toda la familia.





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