Ir al siguiente templo de Nara -Todai-ji- ya no siendo primera hora comporta darse de bruces con grupos numerosos (medidos por el número de autocares que los transportan) de todas las edades y nacionalidades. Patrimonio de la Humanidad obliga.
Pero, pasando la ya enorme puerta del sur -Nandaimon-, alcanzas una buena perspectiva y la sorpresa te alcanza y vence.
Los souvenirs de los cuernecitos de los ciervos, causando sensación entre los colegiales.
Nandaimos. Los que han leído de la cosa budista saben que ha de pasarse siguiendo un cierto ritual.
Un colegio dé otro se distingue por el color de las gorras.
Y, de repente, enfilado desde una apropiada sombra, el imponente Todai-ji.












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