Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, las prevenciones para con pandemia han acabado con muchas cosas. Un ejemplo: ahora que estamos en ese periodo que han bautizado como el de la cultura de la cancelación (¡ea, la censura, ni mas ni menos!), si reclamas vía el servicio de atención al cliente (es verdad que cliente sin soltar un duro) de esta amable red que gentilmente nos acoge, aún puedes recibir alguna que otra respuesta automática diciendo que no toman en consideración tu apelación por estar en cuadro debido a la pandemia.
Pues bien. En el templo Todai-ji de Nara, de cuyo impresionante aspecto exterior colgué el otro día unas fotos, la pandemia se ha cargado (veremos si permanentemente o no) el acceso a la sabiduría de buena parte de sus visitantes, especialmente críos y juguetones de posaderas no muy voluminosas.
En uno de los pilares que aguantan la enorme cubierta del templo, que cubre de la lluvia a la grandiosa estatua de Buda (y otras cuantas), había un estrecho agujero que -decían- tiene idéntica magnitud que las fosas nasales de ese, y habitualmente incitaban, no sé si pagando un extra o ya valía con la entrada principal, a ponerse de cuatro patas y pasar por él.
Sólo por similitud, daban a entender que alcanzabas zonas que te iluminaban las entendederas de todas todas.
Pero la pandemia barró el paso. Claro que, pensándolo bien, me evitó una cola segura de la atracción obligada y un casi seguro bochorno al comprobar lo gordo que se ha hecho mi trasero y partes aledañas.
El pilar, ahora cubierto para que nadie pase por su agujero.
Otras miniaturas que acompañan a la estatua de Buda.






No hay comentarios:
Publicar un comentario