A principios del s. XX toda gran ciudad que se preciase de tal construía una Oficina de Correos acorde con la categoría que se auto-otorgaba.
A principios del s. XXI, cambiados los tipos de comunicación entre las personas de forma radical, en todas esas ciudades se preguntaban qué destino podían dar a las grandes Oficinas de Correos.
Por lo menos eso tiene una consecuencia positiva: la permanencia de la sala como cosa pública. Por el momento puede visitarse libremente, entrar en ella, mirar la cúpula y abrir la boca de admiración.






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