domingo, 24 de julio de 2022

Recorrido sentimental con la Regional 3

Junto a la Asland, habiendo reaccionado tarde.

Entiendo la apatía y hasta el fastidio con el que deben abordar sus viajeros habituales la línea R3, un tren que une L’Hospitalet de Llobregat con La Tour de Carol, al otro lado de la frontera francesa, y que he utilizado esta mañana entre la estación de Sants y Ribes de Freser.
Ellos deben estar hasta las narices de retrasos, esperas en estaciones perdidas ocasionadas por la vía única, chirridos del tren al circular por unas vías que llevan décadas ahí sin mejoras, etc. Pero a mí el trayecto, que había hecho un montón de veces por carretera, pero nunca en tren, me ha traído cantidad de recuerdos y me ha parecido, por lo de la novedad, la nueva perspectiva, fascinante.
He efectuado la travesía subterránea de Barcelona leyendo. Y así iba a continuar cuando he alzado la vista desde el librito que llevaba y me he encontrado con los modernos andenes de una estación, La Torre del Baró, que me han resultado más propios de Chicago que de Barcelona.
Luego, viendo unas vías paralelas oxidadas y cubiertas por la hierba y rodeadas de las instalaciones de la Asland, he dejado el libro y me he puesto a mirar. Debo advertir, eso sí, que las fotos que he colgado son de las que no merecen haberse hecho. La disculpa podría venir de saber lo difícil que es sacar buenas fotos con una tableta, detrás del vidrio del vagón, probando a ver si se apartan las cañas y demás vegetación para dejar ver el motivo que has divisado inesperadamente. Pero con el tren en marcha, que está parado tiempo en unas cuantas estaciones, va despacio por ciertos tramos que se caen de viejo (pero sin margen para las vistas) y corriendo de lo lindo por otros, la cosa se hace bien difícil. Las mejores fotos eran las que he visto y no me ha dado tiempo de sacar la tableta para hacerlas, porque ya habían desaparecido.
Anchas rieras, naves industriales por Montmeló. Granollers se cruza por su parte más cercana a la montaña. Naves industriales en un lado, caminos y alguna casa suelta en el otro. Conocido por visitado, a pie, hace no mucho. La estación de Granollers-Canovelles acumula gente, pero son los mismos pasajeros del tren, que esperan se vaya éste para cruzar las vías con precaución, como avisa una vez sí y otra vez también el altavoz antes de la parada.
Tras otra zona de naves industriales (unas de por Les Franqueses se utilizan ahora para un Tiro al Blanco o como Centros de Formación), una serie de edificios grandilocuentes, que no dan tiempo para ser fotografiados, avisan de la llegada a La Garriga. Poco después entramos en el estrecho valle de El Congost. Así, con eses descriptivo nombre, se llama el río que corre junto a las vías del tren, que nos llevan del rojo ferruginoso inicial hasta el gris azulado de las margas eocénicas de su final.
Si El Figaró y Ayguafreda han debido perder toda relevancia, porque ni siquiera ha habido en ellas parada, estaba claro que tampoco la iba a tener el apeadero de Balenyà o menos aún el de Seva-Tona. No ha habido forma de que me acordara de cómo se llamaba el que conducía el coche que llevaba a los eventuales pasajeros desde el apeadero hasta Tona. Nunca lo utilicé, pero lo tenía bien presente. Era toda una institución. Sí hay parada, previamente, en Centelles, que siempre ha estado, no sé por qué, cerca de algún poder.
Pasado Centelles, consigo dar con el Picacho, desde donde se lanzaban los primeros que utilizaron parapentes y, un poco más allá, consigo ver, a lo lejos, el Castell de Tona, que no es tal castillo, aunque diera nombre hasta a unas gaseosas, sino la silueta de una pequeña ermita románica…restaurada por el pintor Felip Vall (quien llegó a residir en un supuestamente bohemio Paris), en un estilo románico inédito, nunca visto en ningún lado.
Se abre el paisaje por la Plana de Vic y, viendo alguna de sus colinas (que, de hecho, no son colinas, sino terreno resistente en medio de la zona sedimentaria erosionada), pienso en la cantidad de víboras y escorpiones que deben estar campando a sus anchas con este sol. Pasado Tona, pero no todo su término municipal, creo ver la magnífica Torre Llebreta, donde residía una familia terrateniente de manual, y que tenía la mayor colección de mariposas de la península. Ahí empezó a rodar alguna cosa en Súper 8 José Luis Guerin. Saco la tableta, apunto…y un árbol me oculta la magnífica casa y sus terrenos definitivamente.
Llegamos a Vic, con una estación ahora soterrada que me recuerda a la del AVE de Zaragoza. Luego campos de trigo ya segado, calcinados por el sol. No acabo de distinguir, más adelante, de qué tipo son esos roedores que huyen espantados del tren: ¿ardillas, topos, liebres?
Son ya las 10h, y el calor ya va desdibujando, apagando, los colores, haciendo plomizo el paisaje. Un letrero junto a una estelada anuncia la llegada a Torelló (donde tengo un amigo antiindependentista que está que trina).
Lo que me creía que era la fábrica de Roda de Ter donde trabajó casi toda su vida el poeta Martí i Pol era en realidad una fábrica situada en la retaguardia de la estación de Manlleu.
Más al norte no hacemos sino seguir el hilo del Ter, marcado por las antiguas fábricas que conseguían la energía de sus aguas y sus correspondientes colonias textiles, pero apenas si puedo fotografiar alguna.
No logro obtener ninguna foto significativa de Sant Quirze de Basora. ¡Qué cantidad de recuerdos de Casa Candida!
Ripoll aparece al fin como un gran centro ferroviario, con desproporcionada estación, ahora toda tapiada. El tren entra en aquel misterioso túnel por el que se veía desaparecer desde la carretera, a la entrada del pueblo del monasterio.
En Capdevanol, donde estaba el último hospital de los que administraba durante la guerra civil mi abuelo (en un edificio que aún no he comprobado, porque nunca he ido), se bajan varios excursionistas, que hoy se deshidratarán por la montaña.
Ribes se anuncia con instalaciones de sus aguas y por fin llegamos a la estación del pueblo, vecina a la del Cremallera.
Un termómetro, a la sombra, marca 28 grados, pero al bajar, esperándomela lo peor, siento un inmenso placer al no encontrar la asquerosa humedad de Barcelona.
Pero lo de Ribes de Freser ya formará parte de otra (u otras) entradas.


Granollers Canovelles

Ídem, con gente esperando que se vaya el tren, para cruzar las vías.




Llegando a La Garriga



A punto de entrar en el valle del Congost.


Al fondo, a la izquierda, el Picacho. Por poco pesco la ermita de Nostra Sra. de la Salut.

Detrás del poste eléctrico, fijándose bien, el Turó del Castell de Tona.

Detrás de los árboles ocultadores, Torre Llebreta.




La Plana de Vic


Y la estación de Vic, capitaleando.

Desde la estación de Manlleu.





Llegando a Ripoll


Ripoll







 

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