Junto a las vías del tren, toda una zona verde relativamente reciente.
¿Se pueden revertir los desastres del desarrollismo en el cinturón de Barcelona? Desde la llegada de los ayuntamientos democráticos, con mayor o menor fortuna, unos cuantos municipios lo han intentado.
Recuerdo que el último curso de carrera me inscribí en una cuatrimestral optativa, “Urbanismo”, que fue de lo que más me interesó de toda mi estancia por ahí. Pues bien: el profesor, uno de los realmente de mérito que tuvimos, nos hacía ver el caso del polígono de San Ildefonso de Cornellá como modelo de todo lo que se debía evitar en planificación urbana: mala integración exterior, constitución de un ghetto, pobre compensación de alturas con espacios entre bloques, falta de zonas comunitarias, inexistente posibilidad de circulación interna (si entrabas por ahí sin conocerlo, subías con el coche una pequeña colina como en espiral, encontrándote en sucesivos cul de sac), etc.
En el paseo que nos dieron para que conociéramos Cornellá, no podía faltar ese ahora barrio, por fin integrado ya por completo con el pueblo. De hecho, la reciente realización de Marta Perris y José Toral (de la que hice por aquí una entrada) es uno de los elementos que han logrado limar ese engranaje.
Hay cosas (volumetría de los edificios y distribución de las calles entre ellos) que no pueden revertirse sin cirugía dolorosa, pero vimos que todo lo demás (piezas de engarce, restauración de las diferentes piezas, colocación de ascensores en los bloques que carecían de ellos, eliminación o suavización de cortes entre los diferentes elementos, cuidado de los elementos comunitarios -bancos, papeleras- añadidos, introducción equipamientos), estaba ahora trabajado.
Iba a decir que en todo Cornellá, en contraste de su vecina Barcelona, además de papeleras, bancos y demás en perfecto estado de revista, no vimos ni una pintada de las que invaden a su vecina Barcelona cuando, al observar y escoger las fotografías a colgar, me he encontrado con una a media altura en la que un tal Rdas y otro tal Nimek han dejado sus respectivas meaditas, pero hay que creerme: son la excepción.
Volúmenes que no deben ser de las piezas originales, pero marcan la integración en el entorno, con una plaza y un paseo con vistas.
El paseo con tablones de madera que permite aprovechar comunitariamente las vistas.al fondo, la torre que, con ese objetivo de las vistas, hizo el propietario previo de los terrenos.
Llegando aquí ya me disponía a captar el irremediable desastre. Edificios altos al borde de calles estrechas, sin salida.
Pero han arbolado aceras
Y, en torres similares a estas, puesto ascensores exteriores.
Es verdad que, por mucho que se intente adornar, la cosa tiene mal remedio.
El antiguo cine del barrio.
Calles “pacificadas”.
Véase las escaleras y rampas para vencer el desnivel.
La cabina -¡en funcionamiento!- marcando un punto central de servicio.
Muy cerca, un gran edificio de servicios, entre los cuales una enorme biblioteca.














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