No debería hacerles caso, pasar de ellas, como si no existieran, pero es que es casi imposible. Las han plantado en medio, en dos sitios de paso de los más atractivos de L’Escala: el paseo marítimo y el que va de La Punta al Port d’en Perris.
La primera y desde mi punto de vista la más desgraciada es esa “Dona pescadora”, título engañoso, porque se entiende que el que es pescador es su marido y ella echa unas miradas temerosas al mar, porque hay tramontana y ves a saber si regresará.
La segunda es el homenaje a la cobla.
Aprovechando las obras de remodelación que dibujó Carles Ferrater (aunque quizás fue un poco antes), desplazaron la cobla al paseo marítimo desde su primera ubicación, que era nada más y nada menos que en el puro centro del pueblo, en el port, la playa alrededor de la que se sitúan todos los cafés. Así, sentado en una terraza de uno de ellos, la obra te podía chafar la contemplación de lo mejor de L’Escala: sus vistas al Golfo de Rosas.
Pero Ferrater no tuvo en cambio el poder suficiente para sacarse de encima la escultura de la (falsa) mujer pescadora: cuando ya creía que nos habíamos librado de ella, ¡plaf! la volvieron a situar donde estaba, rompiendo estrepitosamente las líneas trazadas por el arquitecto para hacer de primer plano a la visión del Golfo de Rosas.
De pesadilla.
¿Alguien se ha fijado en que no cuadra nada? Parecen tres cachos de barro o de plastilina mal engarzados, ofreciendo una mujer deforme. Por el otro lado, como medio abogados entre las olas del mar/pliegues de su vestido, aparecen sus churumbeles. Me pongo de mal humor cada vez que paso por ahí.
La cobla. Imaginaos colocados en el sitio estratégico en que estaban. Tú querías ver El Cargol, la bahía, lo que fuera y te topabas con ella, rompiendo la visión. Ahora me hago cruces viendo como pasa alguien y hace fotos a su pareja delante de ella. En esta última ocasión tuve un escalofrío cuando comprendí que todos ellos -hechos, según dice mi hermana, de uno en uno, con lo que parecía que no se acababa nunca- están muertos y es una escultura de lo más fúnebre. De ahí mi desasosiego.


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