Los cambios de línea de las costas también se detectan en las playas de Empuries, hasta el punto que, si no se estuviese atento, vete a saber si el mar no se adentraría hasta donde llegaba en la época romana…
En la imagen, esas rocas en medio del tranquilo Mediterráneo del lunes por la tarde, justo antes de que se pusiera a llover y bajar las temperaturas certificando el final del verano, son las que llaman “les muscleres grans”, “las mejilloneras grandes”, por mas que ya no quede en ellas ni un infeliz mejillón, pues han sido esquilmados, como las lapas que también las cubrían.
Un istmo de arena las unía tradicionalmente al sitio donde están esas sombrillas. Cuando era un crío, ese istmo, bastante amplio salvo en su parte final, era donde mis padres clavaban su sombrilla azul marino (haciendo un agujero con una pala y luego cubriendo el hueco formado con arena bien apisonada: aún sin esa ingeniosa broca de plástico que ahora facilita la operación). Era, pues, donde teníamos nuestra base seca todas las mañanas de nuestro mes de vacaciones de verano.
Si no estoy equivocado, fue allí también a donde llegó, en una barca de pesca, la antorcha olímpica en 1992.
Después de varios años en que faltaban unos cuantos metros para poder hacer el recorrido hasta las ‘muscleres’ sin mojarte, este año ya nos hemos quedado sin la barra de arena completa.

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