No hay nada ostentoso en el cementerio de Llofriu. Todo lo más, un par de nichos juntos hacen las veces de un panteón familiar, como es el caso de la tumba de Josep Pla. Pero a ver quién es capaz de destacar en ella algo que resulte por encima de lo que nos muestran las de los demás residentes, antiguos vecinos de la localidad.
Quizás lo más destacable del cementerio, en todo caso, sea la agradable modestia de su fachada, donde han colocado una pequeña escultura en forma de libro, con una frase alegórica, toda ella convertida en óxido hasta casi no permitir la lectura y donde también La Caixa ha tenido que añadir su logo a un simpático mosaico que marca la etapa de la ruta Pla que -nos queda claro- subvenciona la institución.
Franqueada la verja, la pequeña avenida deja atrás sus cipreses, permite tomar aire en una superficie no cercada por la tristeza infinita que confieren los nichos y nos aproxima, sin remedio, hasta ellos.





No hay comentarios:
Publicar un comentario