Antoni de Moragas estuvo a punto de hacer descubrir todo el pastel. Por casa me tienen prohibido escribir en este FB de nuestras entretelas que estamos fuera de casa, por eso de que entonces los ladrones, con toda probabilidad, van a entrar en nuestro piso y llevárselo todo, aunque ese todo únicamente tenga valor sentimental.
El caso es que hemos estado unos días por Argentina, mientras en FB iba diaria y penosamente sacando fotos antiguas, de aquí y allá, guardadas en la tableta, comentando sobre ellas lo que Dios o el Diablo me daban a entender. Pues bien. En una de ellas mostraba los suelos de barracas del Turó de la Rovira y va Moragas, siempre con su ironía a cuestas, y comenta eso de que “Yo tenía otra idea de Buenos Aires”. Lo intenté disimular respondiendo que efectivamente, que por ahí también se respiraba muy bien, pero sí no llega a ser porque casi nadie lee los comentarios, se derrumba todo el edificio de ficción tan laboriosamente construido.
Aclarado esto, quien pase por este muro, va avisado, durante mucho tiempo va a ver en él imágenes que serán inicialmente de Buenos Aires, acompañadas de opiniones aventuradas, elaboradas con el aplomo con el que aquel periodista que estuvo una semana en China escribiera después su famoso libro, “La China que yo conocí”.
Sé que voy a cosechar interminables preguntas o exclamaciones sobre si estoy en la ciudad argentina, cuando ya estoy por mis barrios, pero dispuesto a afrontarlo, ahí va una primera foto. Es de uno de esos impresionantes monumentos turísticos que tiene la ciudad en forma de café. En este caso, La Puerto Rico, en San Telmo.
Me gusta la foto que le hice a su fachada, antes de que entráramos a comer, porque creo que a partir de ella Damián Flores podría hacer uno de sus magníficos cuadros.

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