domingo, 17 de diciembre de 2017

Gallimard (París)


Hablando de París, uno de mis primeros reconocimientos debe ser para sus librerías. Imposible entrar en todas, pero sí más que posible quedar boquiabierto ante la mayoría. Las hay, es verdad, anodinas, grandotas y standard. Pero no es esa la impresión general.
Por las callejas del centro no es difícil dar con unos locales estrechos de como metro y medio o dos metros, absolutamente repletos de libros escogidos, de gran calidad (en general libros de arte, descatalogados o nuevos), mientras que su dueño, casi bloqueado entre estanterías por las pilas de libros, espera la entrada de un cliente que quiera regalar o regalarse uno. Yo entraría a curiosear, pero no lo hago, porque no sabría manejarme entre esas estrecheces, no busco ningún libro en concreto, me molestaría sentir la presencia de los ojos del del pupitre en mi cogote y además pienso que todos deben ser extremadamente grandes, pesados y caros.
Otro tipo de librería frecuente, de las que me causan admiración, en la que tampoco entro por esas últimas razones, es la librería anticuaria. Son, eso sí, preciosas, para ser observadas un momento desde fuera. Todo está en su sitio, tienen la (tenue) iluminación adecuada, suelen tener sus paredes libres forradas de telas o papel pintado de color serio y sus suelos cubiertos por alfombras. En la mayoría de ellas he ido viendo a su responsable en su mesa o en un sillón, departiendo tranquilamente con un conocido de lo divino y lo humano. Da para pensar que apenas venden libros y que están ahí para hablar de las joyas literarias, de sus autores, de filosofía, de un mundo que ya no existe o bien para establecer una transacción económica con tiempo, a la antigua.
Pero a mí lo que me interesa de verdad son las librerías vivas, con actividad, de esas que entras y, tras mirar lo que muestran, te entran ganas de regresar rápido a casa, para ponerte a leer febrilmente, porque ves que es mucho lo que tienes pendiente, prometiendo buenos e intensos momentos.
Esta librería Gallimard está situada en la parte norte del Boulevard Raspail. Fue, es verdad, la primera en la que entramos, yendo en busca del Museo Maillol, que está ahí al lado. Pero ofreció, en cualquier caso, toda una experiencia de esas que ensalzan. Me contuve, dejé como mínimo otro libro para otra ocasión, pero ya salí de ahí cargado para todo el resto de la tarde. A ver cómo lo explico.
"La charca literaria", aunque publica también cosas de real interés de autores reconocidos, tuvo el desliz de decirme que me iría publicando unos pequeños relatos bajo el título genérico de "Casi lloré de emoción al ver esa escena en el cine". Pues bien: No me duelen prendas a la hora de reconocer que tengo dificultades para encontrar escenas de películas actuales que me provoquen ese efecto. Porque no se trataba de que estuviera viendo una película, sino de una escena real, vivida, que si no, con la sensación sentida en esa librería ya tendría material para el próximo relato.
Se me vinieron las lágrimas a los ojos y exclamé, dirigiéndome a Teresa: ¡"Esto es lo que realmente me gusta a mí!" Fue un efecto consecuencia de unas razones múltiples. Por un lado ver la coloración de libros expuestos. Nada de las vistosas y hasta aparatosas portadas de los de las librerías anglosajonas, que lamentablemente son las que están ganando también en nuestro país. Ahí, en la Gallimard, predomina el escueto pero esencial color marrón de los libros de su editorial, ese que permite pensar y es una verdad como un templo que lo importante que te está esperando en el libro está dentro, en su lectura, sin otro tipo de distracciones. Por otro lado, dar con unos cuantos libros de los que, realmente, más me llaman personalmente la atención, libros de experiencias personales, sobre temas que me atraen. Por último, ver la agilidad con la que la gente entraba, preguntaba, iba a buscar su libro, dando la sensación de que la lectura es una experiencia viva, que pese a todos los malos augurios, tiene tiempo para rato. Y, con ella, las librerías y una ciudad como París que, aunque se vaya en general banalizando, mientras las mantenga y así de activas, no dejará nunca decepcionado al visitante





 

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