Ahora toca Santander, me digo, y voy a ello. Preguntamos dónde podíamos desayunar, y nos hablaron de un sitio muy pequeño, pero que vimos enseguida que era el adecuado: Toni Barros. Un problema: no puede irse muy, muy de mañana, porque la elaboración de no sé bien cuál de uno de sus productos está entonces en su punto álgido, y le tiene por completo ocupado. Pero vamos: a las 9,30 estaba abierta la pequeña tienda.
Es el obrador de Toni Barros. Pedimos un café de desayuno, un té y unas pastas, y nos pusieron previamente una cata de tiramisú, que se ve que es lo que le ha dado fama. No es que me entusiasmen en general los tiramisú, pero probando éste comprobé que su fama es de lo más merecida.
No quiere crecer más. Elabora sólo lo que sabe hacer y le sale bien, ensaya pacientemente un artículo antes de ponerlo a la venta, y ya lleva bastante tiempo ahí, en la calle Rubio número 1. (Para Paco: Las cajas de tiramisú y las de lo que creas adecuado me las puedes enviar cuando gustes a mi casa).





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