Vi en el amigo que me hizo descubrir sus rincones de Valencia algo especial, ligado con su infancia, cuando me enseñó los Jardines de la Glorieta (como en el Museo de las Rocas, como en las Torres de Quart, como en el mismo rito de la Mascletá). Había jugado bajo sus enormes árboles tropicales, o incluso en el modesto parque infantil que, compuesto de pequeños animales de piedra que ahora luce en recién pintados de colores acababan de inaugurar en su época.
A mí, mire usted por dónde, me llevó a recordar el monumento a Becquer en el parque de Maria Luisa de Sevilla, que no conocí sino ya siendo mocete. (La foto de este último la he sacado de la web de la Asociación Albariza).




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