Decía que Portbou, como Cerbère, producen una extraña sensación, entre la fascinación y el espanto. La apertura del túnel para el AVE por los Pirineos (uno de los proyectos peor planificados de la historia, y de ahí lo ruinoso, pero esa es otra historia) le acabó de dar otra puñalada trapera a su estación internacional, que ya prácticamente murió del golpe con la entrada de España en la Unión Europea.
Cuelgo aquí dos o tres fotos hechas ayer al pasar por la estación. Por el altavoz insistían en que en unos quince minutos saldría por la vía 3 un tren regional con destino Cerbère. A parte de nosotros, una pareja de extranjeros y otra de vagabundos internacionales no parecían hacer caso al anuncio, y esperaban no se sabe muy bien qué.
No vi en la enorme estación ni bar (desmontado), ni lavabos, ni kiosco ni tienda alguna.
Subiendo por el paso subterráneo que sortea unas vías que parecen en desuso hacia la estación.
A parte de este edificio la estación cuenta con otro (a mis espaldas) de casi ese mismo tamaño, totalmente cerrado y medio en ruinas. Al fondo, la neogótica iglesia de Santa Maria, construida poco después de la estación.
Frente a la estación, los restos de las oficinas de una de las muchas agencias de aduanas de la localidad.




No hay comentarios:
Publicar un comentario