Todo el mundo sabe que la norteamericana es la sociedad de las desigualdades, modelo al que nos vamos acercando a pasos acelerados. Ahí conviven el lujo más aparatoso con la más absoluta miseria. En Chicago la cosa va por barrios. Hay una aplicación que indica hasta qué punto es o no chungo un barrio, y lo hace a partir del número de asesinatos que se han dado en él en el último año. Los turistas no se moverán en general de las zonas más seguras, si bien es verdad que, por ejemplo, para ir a la Universidad (con una de las más significativas obras de Wright en sus cercanías), ahora aconsejan no ir en metro, porque el barrio de población negra en que te deja ha subido en los últimos tiempos dramáticamente esa escala...
Esa desigualdad se aprecia hasta en aspectos morfológicos. Al lado de un imponente rascacielos hay una casa de sólo uno o dos pisos, que nunca subirá de altura porque ha debido vender su volumen de aire superior al rascacielos. También las calles más elegantes y limpias se alternan con otras más estrechas de servicios, donde se acumulan contenedores de basura y demás, no siempre en las mejores condiciones higiénicas, aunque las de las fotos resultan hasta ordenadas.




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