lunes, 20 de junio de 2016

Avenida Belmont de Chicago


Jose Luis Ibáñez Revuelta me dice -con razón- que no eche mano de las fotos de la tableta, que haga nuevas y que sean éstas las que utilice. De este modo me seguiré repitiendo más que el ajo, hablando siempre de lo mismo, pero por lo menos no me equivocaré y colgaré -como he hecho por error en dos ocasiones estos últimos días- imágenes que ya había colgado.
Ya quería yo haber seguido su consejo, y un montón, para compartir cosas que me llamaban la atención, porque he estado al otro lado del charco, pero le había prometido a Teresa que no lo haría, porque se pone muy nerviosa pensando que alertados, los ladrones van a entrar en casa y van a poder sustraernos cómodamente cosas de gran valor e interés para ellos. Ya regresados a casa, aún sin la cosa de la novedad detrás, voy a ir colgando una selección de las demasiadas fotografías que, como siempre, he hecho, para dar a conocer cómo son esas tierras de infieles junto a
valoraciones morales de lo más profundo. Ahora ya, si entran furtivamente a casa los ladrones, nos descubrirán durmiendo por algún rincón.
En esta primera imagen, para abrir boca a ese otro mundo, una visión de la Avenida Belmont de Chicago, mirando hacia el oeste desde la estación del tren elevado (líneas roja, marrón y púrpura) del mismo nombre.

 

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