Su mejor visión se obtiene, quizás, desde la torre de la Mole Antonelliana o desde el Monte de los Capuchinos. De esa forma se distingue una u otra fachada de un largo frente, muy uniforme, de edificios porticados, constituyendo una enorme apertura de la ciudad hacia el Po.
Cruzada por todo tipo de vehículos (ahora los tranvías que la cruzan veloces para desaparecer milagrosamente englobados por sus casas son de dos tipos, antiguo y moderno, y se hacen esperar y entonces de captar), con muchos elementos antagónicos en contraste con esas severas fachadas, no es fácil entender la Piazza Vittorio Veneto de Turín.
Por eso digo que es mejor pensarla, u observarla mirando un plano: bajas desde la Piazza Castello por la inclinada Vía Po y de repente se abre en su enorme superficie, un rectángulo que acaba en el Ponte Vittorio y unos buenos miradores sobre el río.




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