Si para George Steiner los cafès eran lo que mejor definían a Europa, Turín (como Viena, como Trieste,…) tiene su carta de ciudadanía europea asegurada.
Es verdad que la presión turística ya se nota bastante en los más famosos de los suyos, que parecen dejar de ser un sitio para tomar algo descansando y conversando para pasar a suponer una atracción turística a atesorar, y a partir de ahí todo se envenena: disminución de la calidad de lo servido, subida de precios, desaparición del servicio de siempre,…
Pero Turín mantiene activos la gran mayoría de sus cafés y heladerías centenarios (¡avergüénzate, Barcelona!). Incluso veo ahora que ha vuelto a abrir el más antiguo de todos, el pequeño y coquetón Al Bicerin, que nos dio un buen susto.
Bastante deteriorada, Fiorio, en la Vía del Po, es una de las heladerías más antiguas.
Pequeño pero de los más famosos, en la Piazza Castello. el Caffe Mulassano.
También en la Piazza Castello, la verdad es que no sé si es o no un cafe. Creo que va de restaurante.
La Farmacia del Cambio.
Y su elegante interior.
En zona muy transitada, es en realidad un honesto y muy útil pastificio.
Torino, en la Piazza San Carlo, es desgraciadamente de los que ha cambiado y tiene ahora un servicio que lo desmerece.
Su interior. Y dejó de poner el que fuera más elegante de la Piazza San Carlo, el San Carlo, donde no tuvimos lo que se dice una buena experiencia.
Se pueden encontrar aún cafés tranquilos en pisos. El Círculo de lectores.
Éste no sé qué tal. No pongo ahora del Platti, Elena y otros de los que ya colgué anteriormente fotos…














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