Como he comentado en las entradas sobre el acceso interior al edificio del Miho Museum, sus salas de colección permanente, dedicadas a obras clásicas de las diferentes culturas orientales, causan una fuerte impresión.
Lo hacen por ellas mismas y por cómo están expuestas. No es sólo una cuestión de iluminación muy cuidada, es que cada sala fue concebida por I. M. Pei en función de las obras que iban a albergar.
Como no tengo fotografías de ellas (1), al estar terminantemente prohibido hacerlas, pondré aquí solo de las zonas de servicio, donde sí dejan, mostrando básicamente la cubierta del edificio y cómo los principios que aplicó Pei para destacar las obras de arte del museo le sirvieron igualmente para la naturaleza circundante.
(1) He hecho ahora fotos de imágenes sobre unas cuantas obras del museo que constan en el catálogo, aunque es de esos de los que no se dejan fácilmente, y las colgaré en una próxima entrada.
Ese árbol inclinado podría ser de una pintura japonesa…
Vista desde un extremo del museo. Se distingue, en medio del bosque, al fondo, un campanario y un templo modernos.







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