Siempre que me asomo a ese balcón, me da la impresión, quizás por su toque Art Decò, de estar en un sitio imaginario, ante un panorama de realidad simulada, o en una película futurista de finales de los años 20.
Hacía viento, llovía un poco y la gente no estaba para calarse, pero ahora suelen colocarse como modelos fotográficos haciendo esa tontería (cuando está ya institucionalizada) de abarcar con las manos la torre Eiffel y cosas así, al modo de esos que simulan aguantar la Torre de Pisa de su total caída.



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