La otra vez que estuvimos en Nápoles sólo vi el edificio de Correos desde fuera y ya no sentí ganas de ver más.
En esta ocasión, doce años después, lo puse entre las sitios a visitar. Por el medio, había habido, creo, una mayor comprensión de la arquitectura racionalista, y el arrepentimiento por dejarme llevar la vez anterior por la primera impresión.
Como todas las oficinas centrales de Correos, ahora sobredimensionadas, surge la polémica de qué hacer con ellas…
Entramos a curiosear un poco y luego, en la calle, vimos que aprovechaban sus pórticos para instalar en él un mercadillo.







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