Por su posición elevada, desde Vomero debería poderse tener unas vistas increíbles.
Las hay: lo que más nos gustó de una visita anterior a la Certosa y Museo de San Martin fueron sus vistas. Pero, callejeando en su búsqueda al azar, sin consultar planos, puedes llevarte buenos chascos, siempre evitando tramos soleados y bajar mucho, que luego has de subir si ves que la ruta tomada no llevaba a buen puerto.
Estudiantes camino, de buena mañana, de su instituto, ese edificio de las pintadas.
Y por fin, tras una serie de fallidos intentos, al borde de una profunda escalera, apareció el mar.
Una imagen que vimos en esta ocasión repetidamente y que nos pareció inaudita fuera en el Nápoles que recordábamos: una persona, ya sea de un servicio público o alguien privado, barriendo.
En otro punto, con terrados que casi ocultan el mar. Por la izquierda asoma el Vesubio, que dejo para la siguiente entrada.





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