Mi funicular preferido de Nápoles es el Funicolare Centrale. Inaugurado en los años veinte, es elegante (el símil que le podría poner es la línea de los ferrocatas que va Balmes arriba… en los años 60) pero, a la vez, sin pretensiones.
En su estación superior, en Vomero, es donde se nota más la restauración, porque ha comportado ciertos cambios funcionales. Ha desaparecido el kiosco. Sigue ahí el estanco, pero ya no sirve a todo el vestíbulo, porque han parcelado éste para diferenciar claramente los dos flujos -entrada y salida- de pasajeros. Al otro lado del estanco, entrando por fuera, por la plaza exterior, hay un bar de toda la vida muy agradable, con gran flujo de clientes.
La línea consta, desde la de Vomero, arriba, hasta la de abajo, junto a Vía Toledo y las Galerías Umberto I, con un total de cuatro estaciones, pero las dos intermedias sólo son servidas en viajes alternos. Hay un vehículo cada diez minutos.
Fachada de la estación superior. Ahora no se puede entrar por las puertas de la izquierda.
Desde la parte reservada para la salida, la de la entrada. Como se ve, han instalado máquinas expendedoras de billetes, aunque sigue habiendo una taquilla. El chico está esperando que se habrá esa puerta para entrar, pues se ha cerrado cuando iba a llegar un nuevo tren, para que los pasajeros no corran hasta el en el último segundo.
A la derecha, el andén de salida. A la izquierda, el de entrada, que sólo se abre con la llegada del tren.
Interior del vehículo, con sus cubículos escalonados. Ha perdido elegancia, pero ha ganado en funcionalidad y capacidad.
Zona de espera, ya marcado el billete, para acceder, cuando se abra la puerta, al funicular.
A la derecha se ve un poco el estanco.
Pasajeros al tren!
Acceso a la estación inferior, junto a la Vía Toledo.









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