jueves, 20 de junio de 2024

Paseo por L'Escala

Ayer, antes de anochecer, sempiterno paseo por L’Escala, buscando sitios insólitos, casas pequeñas y antiguas que han aguantado el tirón del desarrollo turístico que ha acabado con casi todas ellas,…
Llego, como casi siempre, a la vieja -ahora medio en ruinas- tienda de ultramarinos. Si no estoy equivocado era de l’àvia Teresa, esto es, de mi bisabuela por parte de madre. Lleva un par de años con un letrero de un despacho de “arquitectura i obres”, pero luce como si no se hubiera tocado durante setenta años.
Luego veo la placa de la “Baixada del Monjo”. En un pueblo en el que todo el mundo tenía un mote, el de “el Monjo” (el monje) se lo adjudicaron al “Tío Pep”, hermano de mi abuela materna, Caterina Dubé.
Por las crónicas familiares el Tío Pep debió llegar a ser uno de los más acaudalados del pueblo. Dueño del comercio de ultramarinos o de una de las dos gasolineras del municipio (la otra pertenecía al famoso fotógrafo local Esquirol), se ve que era también propietario de edificios y solares en toda esa primera línea de costa que ahora le llaman “la mar d’en Manassa”, que no se edificó hasta finales de los 60 o principios de los 70, él ya fallecido.
Mi madre explicaba que durante la guerra, para que no le pelaran, se escondió por la montaña del Montgrí (a donde ella había ido alguna vez a pie para llevarle comida), dejando antes a buen recaudo un magnífico coche que tenía. Lo más divertido es que el coche lo descubrieron y requisaron los últimos días de la contienda. Tras haber permanecido oculto todo el tiempo, cuando ya parecía que iba a poder recuperarlo, unos se lo llevaron en la huida hacia Francia y nunca más se supo.
Recuerdo también crónicas familiares sobre la extrañeza de ver aflorar un enorme edificio blanco, horroroso, al que, precisamente, lleva la Baixada d’en Monjo, el primero que se edificó por ahí y el primero de la línea de costa al entrar en el pueblo. Todos pensaban que ese terreno era propiedad del Tío Pep, pero les desengañaron mostrándoles un título de propiedad con el que nadie sabe cómo se hicieron.


Me gusta el nombre de la placita. Según atestiguan los papeles de su puerta, está casa es de un pintor extranjero, que tiene ahí una galería sobre su obra.


El colmado de ultramarinos que yo -no sé si con acierto o no- asocio con el de mi bisabuela.

Y la placa que lleva ahí tiempo, como si hubiera habido intención de restaurarlo.

La “Baixada del Monjo” hacia el mar, y visión posterior de parte del enorme y horroroso edificio de apartamentos, algo así como un conjunto repleto de balcones andaluces, que va del “Mar d’en Manassa” a la Cala de la Creu.

La Mar d’en Manassa. Si siguiera recto por encima del mar, ese paseante llegaría al muelle griego y Sant Martí d’Empuries. Por la derecha asoma un poco de El Cargol.

Desde el edificio de la Gavina, el antiguo puerto de L’Escala, ahora “La Platja”. Con la reciente reforma de Carles Ferrater se ha ganado en tranquilidad fuera de temporada por la ausencia de tráfico rodado, pero en verano se ha convertido en un infierno de consumo de paellas y todo tipo de comidas de cosas del mar. De toda la comarca vienen: dejan el coche en uno de los parkings gratuitos que han hecho fuera del casco antiguo y llenan al completo los locales monotema del lugar. A día de hoy solo dos no son sitio para comer. 
 

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