Con eso de la gratuidad de tantos museos en Washington DC, yo al principio no quería, pero al final llegamos a entrar hasta en el Museo de los Archivos Nacionales, donde guardan como oro en paño y muestran a un continuo reguero de admirados visitantes la declaración de Independencia, la Constitución y la Carta de Derechos, entre otros papeles, todo ello envuelto con unos cuantos cromos en un marco escenográfico muy pensado, iluminado y vigilado.
Imposible representarse en la cabeza un museo equivalente en nuestro país y, sobre todo, una parafernalia escenográfica y actitud devota similar de los eventuales visitantes del lugar. Lo cual, así entre nosotros, ya me parece bien, y que así siga.




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